Es posible elegir bien

Es posible elegir bien

Noviembre 26, 2017 - 05:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Pasada la fiebre electoral con sus promesas de siempre, y aceptado el resultado final, la gente se rasga las vestiduras cuando descubre que se equivocó al elegir un candidato que prometía maravillas y que finalmente, no solamente no cumplió sino que resultó ser un pillo.

Simplemente se ignoró que al pillo lo guían dos principios fundamentales: “El fin justifica los medios” y “En la vida pública algún grado de corrupción es indispensable, si es para mi beneficio”. Y se ignoraron también muchas de las características personales que lo tipifican:

* Maneras estudiadas, seductoras y convincentes.

* Cinismo, prepotencia, codicia y vanidad.

* Frescura para mentir, inventar historias, inflar cifras y sacar datos de contexto.

* Falta de conciencia moral que le va mostrando el camino hacia la realización de sus objetivos.

* Visión totalmente distorsionada de lo que lo rodea porque está desconectado de la realidad por las informaciones acomodadas de sus asesores que han sido diseñadas para gratificarlos. Es decir, vive en el mundo irreal de sus fantasías pretenciosas, se cree el “show” mediático en el que vive y se congratula de estar realizando muy bien su oficio, mientras las instituciones y la patria a su cargo se desmoronan a sus pies.

* Ignorancia cuanto los rechaza y los odia la gente del común.

* Innegable habilidad para hablar con gran vaguedad y no responder preguntas que lo puedan comprometer.

* Mañoso cuando de responsabilizar a otros se trata. Especialmente de sus malas decisiones para así salir intacto de las situaciones más embarazosas. En esas circunstancias actúa con gran frialdad y capacidad de cálculo para sacrificar al subordinado de turno que le sea conveniente para salir del problema del momento. Al igual que el circo primitivo que le echaba una oveja a las fieras para calmar la ira del pueblo.

* Capacidad para desafiar la vigencia de la constitución y aniquilar la tradición jurídica, no en la cacareada búsqueda de nobles fines en beneficio de la patria sino, para obtener ventajas personales.

A este sujeto no le pasa nada pues, además de las “leguleyadas” que terminan exonerándolo, es un experto en justificarse, distorsionar y minimizar sin rubor. En la medida en que nada le pasa, va perdiendo el miedo y cada vez se torna más atrevido, más descarado y más obsceno.
Si estas conductas resultan incomprensibles para el ciudadano del común es porque no las ha identificado como lo que son: trastornos mentales difíciles de diagnosticar. En fin no se ha familiarizado con características personales que permanecen hábilmente camufladas.

La sumatoria de las circunstancias descritas lleva a la gente a tomar decisiones no sobre la base de un análisis objetivo de una realidad que no se conoce bien, sino sobre la base de lo que se desea que sea la realidad.

Es el clásico “pensar con el deseo” que lleva a tantas malas escogencias. Al igual que en las elecciones de pareja, las malas decisiones siempre tienen que ver con el no conocer bien a la persona elegida.

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