El verdadero peligro es el populismo

Junio 08, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

El apasionamiento nacional por la contienda política es tan enorme que sigue polarizando hasta a los miembros de las familias tradicionalmente mejor avenidas. Las campañas, por su lado, continúan sin ninguna imaginación utilizando los mismos argumentos que no aclararán nada. Persisten los simplismos que no convencen a nadie. Que un candidato representa la paz y el otro la guerra; que uno es un ángel y el otro un bandido; que uno representa el clientelismo y el otro el caudillismo. Se arman historias truculentas que darían para las más electrizantes novelas de espionaje supuestamente concebidas por genios de la imaginación, cuando sabemos que la mente de algunos políticos sólo da para manipulaciones más sencillitas.Por su lado, la gente comprometida emocionalmente con uno u otro candidato, no va a cambiar su intención de voto y sigue con el mismo discurso. Ninguno de esos alegatos va a motivar a los que hasta hoy no saben por quién votar el 15 de junio. Y esos son, precisamente, quienes decidirán el futuro. Vale la pena recordar que:No hay un candidato ideal pues cada uno es víctima de la imagen que proyecta. Para uno es su propio retrato de vanidoso que con tal de ganar la contienda, hace peligrosas alianzas con quien sea tratando de ignorar que más tarde le pasarán costosísimas cuentas de cobro. Para el estadista reposado, indiscutiblemente bien preparado para regir los destinos de la patria, su imagen pública es la de su mentor el líder prepotente que sigue contando con el favor de sorprendentes mayorías. Si tal apoyo es afortunado o desafortunado, lo decidirán los electores. El que uno se autodenomine el representante de la paz y acuse al otro de ser el representante de la guerra, es una tontería estratégica que, en el fondo nadie se cree, y que resulta tan oportunista y ridícula que le puede asegurar la derrota en las urnas. La gente está saturada con esa cantinela y fastidiada con el cuento de los buenos y los malos. La verdad es que excepto a los traficantes de droga y a los vendedores de armas, a nadie le interesa la guerra. Lo que se sabe con certeza es que uno de los dos estará al frente de los destinos de la patria a partir del próximo 7 de agosto. Y con un país dividido, la ceguera de la polarización puede llevar al ciudadano a cometer graves errores. Lo único que importa es aclararle a los indecisos, desde ahora, cuál de los dos candidatos es el que ha acogido en sus filas al populista que se encargará de dar el golpe maestro después del 2018.Si a Venezuela, un país mucho más rico que el nuestro, la destruyó un populista, no quiero ni pensar lo que sería de Colombia con un oportunista astuto, capaz de todo, duro de roer, sin nada que perder, atrincherado desde ahora en el poder (Petro) llevado al solio de Bolívar en el 2018 sobre los hombros del que está a riesgo de pasar a la historia como el más útil de todos los idiotas. Ese es el verdadero peligro que obliga a mantener los ojos abiertos para elegir al que menos chances tenga de facilitarle a ese personaje, el camino hacia el poder.

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