El trastorno paranoide

Noviembre 08, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Si bien todos los trastornos mentales suponen un reto importante de convivencia, la relación con alguien que sufre de un trastorno paranoide representa una de las pruebas más duras. Entre muchas otras razones porque se trata de alguien que jamás va a aceptar que sufre de un problema, ni de estar equivocado. Los culpables de todo lo negativo que le ocurra siempre son los demás, en especial los más cercanos.Las confrontaciones con esta persona son invariablemente desagradables no sólo por lo absurdas sino porque sus argumentos siempre son difíciles de rebatir por la convicción y la terquedad con la cual son presentados.Por tanto es preciso estar preparado para estos encuentros porque el paranoide está en todas partes y es difícil transitar por este mundo sin topárselo en algún lado.resulta sorprendente la frecuencia con la que la gente que comparte con esta persona no se da cuenta que los conflictos permanentes se deben precisamente a su condición patológica.El paranoide jamás tiene la culpa de nada; el del problema invariablemente es el que tiene enfrente. Puede ser su pareja, su hijo, su padre, el subordinado, el superior o cualquier otro. En la jerga psicológica este mecanismo de defensa se denomina proyección.En suma, se trata de una condición inmodificable del carácter que hace muy complicada la convivencia con estas personas. Según las clasificaciones internacionales, este trastorno se caracteriza por:*Desconfianza y sospecha de los motivos de los demás sin justificación alguna.*Sensación permanente de que otros tratan de explotarlo o hacerle daño. *Preocupación injustificada sobre la lealtad de los demás. *Suspicacia, capacidad de rencor y sospechas permanentes acerca de la lealtad de su compañero/a, lo que se traduce en recurrentes y totalmente injustificados reclamos y/o celos que se originan en los motivos más baladíes. Es fácil presumir que la vida con estos personajes sea, para decirlo levemente, todo un reto cuando no una pesadilla sin fin.Como suele ocurrir en los trastornos de personalidad, la dificultad es mayor en la medida en que hay más características de las descritas. Si hay unas pocas de las mencionadas y no son muy frecuentes, probablemente no se trata de un paranoide, sino simplemente de alguien rencoroso, suspicaz o desconfiado. Lo que podría permitir la convivencia con esta persona.En conclusión, el asunto es de severidad: cuando aparecen varios de los elementos de la lista descrita, la vida comienza a tornarse complicada, pues se tiene enfrente a un enfermo irracional con quien cada interacción es un pulso extenuante.En ese momento los socios y allegados a esta persona deben tomar cartas en el asunto, documentarse y prepararse. El trabajo será de todos los días y de largo plazo para evitar que sea el enfermo el que siga teniendo las riendas de todas las interacciones y haga la vida muy desagradable a todos los que lo rodean. Los aspectos relativos al manejo de estos personajes en la casa serán tratados próximamente.

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