El sociópata en casa

Agosto 06, 2017 - 05:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Cuando publiqué "La locura lúcida" sabía que las dificultades para poner en evidencia al sociópata disimulado (antisocial camuflado) eran muy grandes, pero calculé mal el tamaño del miedo que la gente del común le tenía a su enorme capacidad de intimidación.

Asumí que si los pacientes que me consultaban eran capaces de referirme todas las perversidades que estos personajes realizaban en la intimidad del hogar, y algunos de ellos lograban distanciarse de sus victimarios, este libro serviría como una herramienta ilustrativa y de protección. Especialmente para aquellos que no tenían acceso a una consulta especializada. Pero aplicar la teoría de un libro a la práctica de la vida, requiere de alguna ayuda adicional.

Empecé a darme cuenta de la dificultad cuando recién lanzada la primera edición, una paciente me entregó un ejemplar del libro que había comprado diciéndome: “Aquí le traigo su libro para que se lo regale a alguien, porque yo no fui capaz de leer sino las primeras 50 páginas, pues no puedo aceptar que mi mamá sea una sociópata”.
La sociopatía es un trastorno severo de la personalidad para el cual no hay tratamiento y que ocurre con mayor frecuencia entre los hombres. Sin embargo cuando se da entre las mujeres, su condición de supuesta fragilidad hace que sea mucho más difícil de diagnosticar.

Situación que se torna más difícil en su función de madres cuando hacen alarde de sus dotes histriónicas y desempeñan su papel de víctimas indefensas, emulando algunas actrices de telenovela, logrando convencer a más de un ingenuo desinformado. Por este conjunto de razones, los casos de maltrato infantil a manos de la madre, son más comunes de lo imaginado y se perpetúan sin que nadie pueda intervenir para evitarlos.

Al sociópata jamás lo acompañan fines nobles. La gente lo sabe, pero calla y no lo contradice por miedo. Su estrategia varía de acuerdo a las circunstancias. En un comienzo puede adoptar la posición pasiva que llama a la lástima a través de la victimización. Si no le funciona entonces amenaza y agrede. Y bajo el influjo de la rabia y la irracionalidad puede reaccionar de manera muy violenta, especialmente si se ve acorralado. Al sociópata disimulado se le teme porque es intimidante, hipócrita, perverso, desvergonzado, mentiroso, intrigante, manipulador y carece de barreras morales. Y es capaz de sacar de contexto cualquier información para lograr sus objetivos. Es el depredador por excelencia.
El miedo que se siente por este personaje lleva a sus interlocutores a callar cuando le escuchan un comentario público claramente falso. Y nadie lo pone en evidencia, pues nadie se quiere enfrentar a la andanada que se le viene encima. Además porque existe el convencimiento ya sea por temor o comodidad de que se está frente a un interlocutor que es “capaz de cualquier cosa”.

Pero si sus víctimas después de evaluar bien sus posibles riesgos se fortalecen, podrán verlo como lo que es: un ser mediocre, malintencionado y ridículo a quien se puede neutralizar, desenmascarándolo para evitar más daños.

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