El servilismo

El servilismo

Julio 23, 2017 - 05:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Las personas meritorias y bien intencionadas son capaces de hablar con claridad y no maquillan sus argumentos ni sus comportamientos. Pero tales características no son bien recibidas en los medios viciados por el servilismo*.

En cambio los mediocres, que además suelen ser hipócritas, encuentran en el servilismo el camino hacia el éxito con sorprendente frecuencia. Estos personajes compensan su falta de carácter con su gran capacidad de acomodarse a cualquier circunstancia que les sea propicia.

Los métodos y los comportamientos utilizados por el servil para lograr sus objetivos, siempre son los mismos:

  • Escoge cuidadosamente sus “amos” y se pone a su servicio. 
  • Olvida sus propios valores fundamentales (si alguna vez los tuvo) y se acomoda a lo conveniente, sin el más mínimo pudor. 
  • Si percibe contradicciones, se calla y jamás se rebela contra ellas.
  • Escala posiciones con rapidez por las escaleras sociales, económicas, laborales, burocráticas o políticas. Y lo hace gracias a humillarse y a ofrecerse para realizar servicios que nadie más desea realizar.
  • Tales logros se fundamentan en una, o mejor varias, de las siguientes “cualidades”: su capacidad de intriga, su discurso baboso, sus poses calculadas, su cultura superficial, su facilismo, o sus descaradas condiciones de adulador, oportunista o seductor. 
  • En la medida en que sale airoso de los encargos asignados se va ganando la confianza de quienes lo manipulan y logra ser considerado como alguien confiable y útil.
  • Continuamente está haciendo progresos en su capacidad para justificar sus actos, sacar asuntos de contexto, hacer mandados, entregar recados, difundir chismes, distorsionar circunstancias o acomodarse a cualquier situación que le sea propicia. 
  • Siempre sabe lo que quieren oír sus amos y les habla en palabras precisas, generalmente susurradas con delicadeza en el oído, y a manera de confidencia especial. 
  • Si aparece una voz contraria que manifiesta críticas al sistema, “Mr/Mrs. Servil”, se encarga de “proteger” a sus jefes y, con disimulo, lleva la información (mejor llamada chisme o intriga) a quien corresponda. Si el producto de sus acciones se materializa en alguna cabeza que sale rodando, es premiado con un ascenso dentro del escalafón de los privilegiados. En conclusión cada acto de “lealtad” le permite ganar puntos y mejorar su estatus en el sistema.

La razón fundamental por la cual, el espíritu servil prevalece, perdura y se enquista en muchas instituciones sociales es la necesidad de adulación de quien detenta el poder. No debe por tanto sorprender que a ciertas posiciones lleguen y se mantengan estos personajes. Nadie con un pensamiento independiente es admitido en el sistema pues ello significaría una amenaza para el equilibrio del mismo. Así se establece la alianza entre los manipuladores y los “lambones” y de paso el sombrío triunfo del servilismo.

*Servilismo: Ciega y baja adhesión a la autoridad. Sus sinónimos incluyen, entre otros: humillación, vasallaje, sometimiento, envilecimiento, indignidad, Diccionario de la Real Academia Española, 2001.

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