El poder de los fantasmas

Mayo 18, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

La llama del reclamo justo y la memoria del crimen espantable se mantienen vivas hasta cuando los responsables acepten con franqueza sus culpas, su participación en las atrocidades y hayan presentado un plan honesto y serio de reparación de las víctimas. Pues el tiempo no borra ni la memoria, ni el dolor causado por la infamia. Cuando las investigaciones de los crímenes no van al fondo de los hechos, ya sea porque se maquilla la verdad y los acuerdos no corresponden a la realidad sino a una manipulación de conveniencia, política o de cualquier otra índole, las víctimas inocentes, ante la falla monumental de la justicia de los hombres, se encargarán de hacerla cumplir. Su efecto toca a todos los actores a través del tiempo, ese juez inexorable de memoria fotográfica y espíritu justiciero que desnuda las verdaderas intenciones. Lo sienten: La sociedad a través del renacimiento de la violencia, originada en el rencor que produce la impunidad, décadas después de haber sido firmados los publicitados acuerdos políticos por medio de los cuales, supuestamente, se daba por terminado el conflicto. Los grandes depredadores que se escaparon por algún tiempo, pero finalmente pagaron sus crímenes atroces con la vida, el escarnio público o la prisión.Los negociadores que manipularon con fines personalistas. Éstos posiblemente no terminarán en los estrados judiciales ni serán desterrados, se limitarán a dar un paso al costado y los acompañará para siempre el desprecio de la historia por un obrar mezquino. Son muchos los pasajes de la historia que recuerdan el poder de esas fuerzas sobrenaturales que unos llaman justicia divina y otros el poder de los fantasmas-las víctimas inocentes- que desde el más allá reclaman la verdad absoluta y la justa reparación. Tal es el caso de Fouché (El Genio Tenebroso, Stefan Sweig) “el político frío, cínico y astuto que había llegado muy alto y cometido una larga lista de crímenes y traiciones. Pero un hombre que todo lo sabía, el gran manipulador, no había tenido en cuenta a los espectros. Había olvidado que por la corte vagaba un fantasma que se encargaría de recordar el crimen: María Teresa Carlota de Francia,  la Duquesa de Angulema, hija de los reyes asesinados. Ella era la única persona de la familia real francesa que sobrevivió a la Revolución y quien guardaba el recuerdo de los crímenes espantables realizados en contra de su familia cuando ella era una niña”.“La Duquesa, decidida a vengar la muerte de los suyos inicia hábilmente un proceso de descrédito del hasta ahora hombre invencible y sin necesidad de acudir a los estrados judiciales logra que Fouché finalmente sea desterrado y humillado. Muere solitario rodeado del odio de todos los que le conocieron, el desprecio de la historia y de todos los que otrora le temían”*.*Apartes tomados de: Carlos E. Climent, La Locura Lúcida, Panamericana, 2014carloscliment@gmail.com

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