El pariente sociópata

Julio 24, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

“No puedo creer que mi propio hijo, siempre detallista conmigo, me haya maltratado de esa forma”. “Es inconcebible que mi propia madre en privado se comporte conmigo de una manera tan fría, cuando con los extraños no hace sino hablar bellezas mías”. “A qué hora tuvo dos hijos con la secretaria, si llegaba a la casa todos los días puntualmente a la hora de las comidas; y los fines de semana siempre estaba con nosotros?”. “Todos lo adoramos porque es generosísimo y encantador. Mi mamá siempre decía que era un lord inglés. ¿Cómo puede haber metido a la familia en semejante problema?”. “Era el pariente de mostrar. Yo le di la confianza y lo defendí siempre porque era servicial y humilde pero resultó engañándonos a todos”.Historias parecidas le ocurren a todo el mundo todos los días. La razón es muy sencilla: los sociópatas están en todas partes.La dificultad para identificarlos radica en varios hechos:* Son los campeones mundiales del disimulo y los maestros de la seducción, el cálculo y la manipulación.* Son encantadores, cariñosos y lambones mientras las víctimas están en una posición pasiva y no cuestionan nada.* El sociópata le hace creer a la persona con la cual entra en contacto que su afecto es exclusivo para ella. La víctima, en secreto, está convencida de su posición de privilegio frente a “ese ser tan maravilloso” y se siente afortunada de haber sido la elegida. La desilusión ocurre tiempo después cuando se hacen evidentes los graves problemas y todo se destapa.*Si alguien se atreve a confrontarlos tienen una habilidad impresionante para “voltear la tortilla” y hacer sentir culpable a quien se atreva a llevarles la contraria.*Su frialdad emocional los hace ser muy efectivos en el logro de sus metas. Como no quieren “ni a su madre” no sufren por nada. En consecuencia pueden, sin que les tiemble la mano, ser muy abusivos contra quien se les atraviese en su camino (padres, hijos, cónyuge, parientes cercanos y lejanos, socios, etcétera.)*Su egoísmo es monumental pero no se hace evidente sino cuando ya han atrapado a su víctima. Entonces ya es tarde, porque al igual que muchos secuestrados, la víctima del sociópata desarrolla su propio Síndrome de Estocolmo. Ella sabe que está siendo engañada, maltratada o robada, pero lo acepta. Al someterse sumisamente se perpetúa el cautiverio.Pero el solo aceptar la condición antisocial del pariente no es suficiente para terminar con el drama. Aclarado el diagnóstico hay otra dificultad que va más allá de la identificación: la incredulidad. Pues una vez que se le ayuda a la víctima a confirmar el diagnóstico de la condición antisocial y a comprender (intelectualmente) el trastorno, la persona lo rechaza a nivel emocional.La víctima se tapa los ojos: “Simplemente no puedo creerlo, es muy buena persona, tal vez se equivocó, es muy injusto tratarlo tan duramente”. Y sigue conviviendo con el abusador dándole el beneficio de la duda.El cambio solo llegará cuando la víctima se deje guiar por los valores eternos del corazón del amo, no del esclavo.

VER COMENTARIOS
Columnistas