El mentiroso patológico

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El diagnóstico de esta enfermedad es difícil pues el ocultamiento y el...

El mentiroso patológico

Abril 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

El diagnóstico de esta enfermedad es difícil pues el ocultamiento y el disimulo de estos pacientes hace que sus engaños pasen desapercibidos por mucho tiempo.El mitómano miente por inseguridad o por mantener las apariencias. Su afán no es el lucro. Eso lo diferencia del sociópata que siempre tiene unos objetivos de beneficio personal muy claros.Con cada mentira, el mitómano, se enreda más y tiene que inventarse otra más, para quedar con la relativa tranquilidad de que “aún no lo han descubierto”. Este ovillo termina inexorablemente enredándolo pues finalmente se le acaban las excusas y queda en evidencia. Puede mentir por años y sólo se lo desnuda cuando los problemas llegan a niveles verdaderamente alarmantes, ya sea por una demanda penal, un chantaje, una quiebra o una desorganización caótica. Entonces todo se destapa. En ese momento los parientes que han ignorado la situación, no se pueden seguir engañando, proceden a analizar retrospectivamente las evidencias y concluyen: "¿Pero si nosotros teníamos sospechas serias desde un principio, por qué no actuamos antes?" Las dificultades para identificar este trastorno se relacionan con varias circunstancias:*Los allegados siempre tienen la sensación de estar siendo engañados, pero como el mentiroso es habilísimo para disimular y negar con gran seguridad, nadie se atreve a confrontarlo.*Los parientes temen confirmar sus sospechas, no están seguros, no quieren ofender, les da lástima o no se quieren incomodar.*El mentiroso, con gran imaginación, facilidad y persistencia, cambia una mentira por otra, incumple y reincide con una frialdad impresionante.*Por un tiempo, a veces muy largo, es capaz de vivir una realidad paralela que puede resultar aceptable a nivel familiar, social, laboral y afectivo.*Si alguien lo llega a cuestionar, “se rasga las vestiduras” y lo niega con una energía que convence a cualquiera. Se da las mañas para explicarlo y justificarlo todo, pero como muchas veces le es imposible mantener un control sobre todas las mentiras, a veces se olvida de las que ha contado. Sin embargo rápidamente se inventa unas nuevas para “que el cuento siga vivo” abusando de la confianza que se le ha brindado. Para ello se vale de su enorme capacidad de convicción y su atractivo personal.*Es un artista del fingimiento y un gran manipulador que frente a una confrontación, en primera instancia, niega todo de una manera descarada y es capaz de dejarse llevar hasta el borde del abismo. Para finalmente aceptar la mentira cuando las evidencias son absolutamente innegables.Los orígenes de éste trastorno son inciertos pero casi siempre se trata de personas pasivas, inseguras, miedosas y/o impulsivas a quienes sus allegados, por ahorrarse disgustos, no han podido poner en evidencia.Lo deseable en estos casos es que la familia:* Realice una confrontación clara y firme.* Defina, de una vez por todas, unas reglas del juego verificables.* Ponga unos límites creíbles y realistas.* Y se comprometa, cueste lo que cueste, a no permitir más mentiras.

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