El manejo del “borderline”

Junio 19, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

A raíz de una columna sobre el “borderline” o trastorno fronterizo de la personalidad, varios lectores me solicitaron una ampliación sobre el tema. Especialmente porque una vez que logran identificarlo por su impulsividad, inestabilidad emocional y ataques inexplicables de rabia, quedan desorientados al respecto de su manejo.En especial manifiestan su desconcierto por las mismas razones de siempre:1. ¿Cómo es posible que alguien, generalmente razonable, de manera súbita actúe como un loco sin ninguna razón aparente y un rato después esté “como si nada”?2. “¿Cómo es posible que no se dé cuenta del daño que nos hace y siga presentando comportamientos tan irracionales?”3. ¿Por qué nadie tiene una solución para un problema tan evidente, tan serio y tan crónico?La respuesta a la primera inquietud tiene que ver con la naturaleza misma de la impulsividad típica de este trastorno. No es algo premeditado. No es una reacción que el enfermo pueda controlar. Él actúa dominado por una fuerza incontrolable que desata la reacción impulsiva que incluso puede llegar a ser autodestructiva.A partir del instante en que la persona se sale de sus casillas, deja de escuchar razones. Sólo actúa, grita, azota puertas y discute airada, cuando no agresivamente. Si el interlocutor muerde el anzuelo y se atreve a seguir en la discusión, lo único que logra es estimular la rabia del paciente y escalar el conflicto. Pasado un rato que puede ser de segundos, minutos y, con menos frecuencia horas o días, la persona se calma y queda “como si nada hubiera pasado”. Muchos de estos pacientes son sometidos a exámenes neurológicos porque se piensa que podría tratarse de una forma de epilepsia (lóbulo temporal), pero en la mayoría de los casos para desconcierto de los familiares, los exámenes son negativos y se descarta la patología orgánica.La respuesta a la segunda pregunta tiene que ver con la falta de conciencia de enfermedad; “introspección” en la jerga psicológica. Para que alguien acepte que ha actuado irracional o dañinamente tiene que ser consciente de sus actos. Reconocer que está enfermo. A pesar de esta dificultad y dependiendo del grado de severidad de su trastorno, el enfermo “borderline” es susceptible de aceptar su problema si cuenta con parientes informados que sean capaces de confrontarlo afectuosa y firmemente. Esto con el objeto de hacerle ver que el problema lo ocasiona él, no los demás. Tal reconocimiento es el primer paso hacia un apropiado manejo.Si se ofrecen pocas alternativas para enfrentar esta enfermedad es porque se trata de un trastorno de difícil manejo a varios niveles. Requiere mucha dedicación, tiempo, comprensión y paciencia por parte del sistema médico y de los allegados cercanos. Pero también porque se necesita la aceptación de la enfermedad y la colaboración por parte del paciente.Contar con un aporte positivo en cada uno de los niveles mencionados es un verdadero logro que requiere compromiso y espíritu de sacrificio de todas las partes involucradas. Algo difícil, pero no imposible, de conseguir.

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