El gran manipulador

Abril 19, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Éste trastorno se puede iniciar en la infancia, en forma de conductas caracterizados por actitudes y comportamientos que riñen con las normas establecidas. Y se va confirmando cuando ya de adolescente o adulto joven sigue en una carrera desafiante y autodestructiva que nadie puede detener. Los padres están saturados de consultar especialistas, sin éxito, pues “el niño” no sólo no se responsabiliza por nada, sino que no acepta normas. No le sirven ni las de la casa, ni las del kínder, ni las del colegio, ni las de la universidad, ni las de la sociedad. Él tiene las suyas propias. En consecuencia no reconoce autoridad alguna. Cuando le llaman la atención se considera una víctima de la injusticia. Y como buen atenido que no respeta a nadie y se cree con derecho a todo, da un portazo y se va.Los padres llevan años confundidos tratando de explicarse las contrariedades y los problemas sin fin, cada vez de mayor envergadura, ocasionados por el enfermo. Pero él de todos ellos logra salir, porque a última hora invariablemente alguien acude a su rescate. Como carece de sentimientos, manipula con la frialdad del gran egoísta a quien solo le interesa su propio bienestar, y sigue haciendo de las suyas. Frente a un caso como el descrito, como no se trata de distanciarse del hijo sino de brindarle la posibilidad de un cambio favorable, las recomendaciones para su manejo incluyen:*Identificar y aceptar el trastorno. Mucha gente convive con este personaje sabiendo que algo grave le ocurre, pero nadie pone el dedo en la llaga porque resulta doloroso y se anticipa de difícil manejo. Además “el problema” lleva muchos años en los cuáles el enfermo ha domado a todos los seres queridos que lo rodean. *El primer obstáculo a vencer es aceptar la condición antisocial. Requisito indispensable para confrontar y poner límites. *Si hay patologías adicionales, como enfermedad bipolar, trastorno “borderline”, o adicciones, se deben tratar. *Si en esas familias nunca se han puesto límites, hay que realizar un proceso educativo al respecto.*Si los mayores, en la familia, también trasgreden las normas, carecen de autoridad moral para exigir nada. Esta peculiaridad familiar debe ser señalada con firmeza.*Es indispensable romper las relaciones simbióticas donde la supuesta autoridad alimenta la enfermedad del hijo y perpetúa el problema. *No caer en la trampa de los sentimientos de culpa.*Tener en cuenta que se está frente a campeones del arte de la seducción y el disimulo.*No seguir encubriendo con el fin de preservar una fachada social mentirosa.*Señalar la necesidad de un mínimo de consideración y respeto y dejar claros cuáles comportamientos no serán permitidos.*Recordar que todos los casos son distintos. Algunos son muy difíciles de manejar. En consecuencia, los mecanismos de intervención se diseñan específicamente para cada caso. Pero en todos es necesario definir unos acuerdos con claridad y si las conductas destructivas persisten, armarse de valor y hacerlos cumplir cueste lo que cueste.

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