Depresión y enfermedad coronaria

Depresión y enfermedad coronaria

Agosto 23, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

A pesar de haber sido identificada como la primera causa de incapacidad a nivel mundial en respetables estudios internacionales, la depresión sigue siendo ignorada como una de las prioridades en salud pública.La evidencia actual sugiere que la depresión tiene varias formas de afectar de una manera directa o indirecta al miocardio al:Aumentar la carga de impulsos nerviosos autónomos sobre el miocardio facilitando el proceso de isquemia a nivel del corazón.Aumentar la irritabilidad ventricular.Aumentar la producción de ateromas en las arterias.Producir un aumento del cortisol en la sangre lo cual tiende a aumentar la presión arterial y los niveles de lípidos.Producir una disfunción endotelial de las arterias coronarias.Producir una falla en la regulación del sistema simpático adrenal y aumentar las catecolaminas circulantes lo que se traduce en incrementos en el ritmo cardíaco y la presión arterial. Este fenómeno hace que se aumente el riesgo de ruptura de placas arterioscleróticas lo que puede terminar en una trombosis coronaria.Al aumentar las catecolaminas que agravan la irritabilidad del músculo cardíaco, se producen arritmias ventriculares y se modifica la función de las plaquetas circulantes.El aumento de los niveles de cortisol genera una inflamación, un aumento de coágulos, un síndrome metabólico, hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia, todo lo cual puede conducir a un daño endotelial de las arterias coronarias.Además de los factores mencionados, las personas deprimidas suelen tener estilos de vida poco saludables. Por ejemplo no hacen ejercicio, se alimentan mal, fuman, sufren de sobrepeso, tienden a alienarse de sus contactos sociales y a quedarse solos. Y como si lo anterior fuera poco, no acuden al médico y cuando lo hacen no siguen los tratamientos indicados.Si bien muchos autorizados investigadores* han concluido que la depresión debe ser considerada como un factor de riesgo del mismo tamaño que el cigarrillo, las alarmas eneste sentido siguen sin prenderse, y los deprimidos siguen alimentando las cifras de las víctimas de enfermedad coronaria, en especial la de los pacientes con infarto miocárdico.En otras palabras la gente le tiene miedo al cigarrillo porque nadie objeta que el riesgo de infarto es mayor entre fumadores que entre no fumadores. Pero casi nadie le dice a la persona deprimida que la depresión es tan grave como el fumar cuando de riesgo de infarto del corazón se trata.Y por supuesto nadie le va a decir lo que es, hoy en día, una verdad inobjetable: “Si no se trata la depresión, las posibilidades de que haga un infarto son muy grandes”.*Goldston K, Baillie AJ: Depression and coronary heart disease: A review of the epidemiological evidence, explanatory mechanisms and management approaches. Clin Psychol Rev 2008:288-306.Nota: esta es una de muchas referencias. Si alguien está interesado en una lista más completa de investigaciones científicas al respecto de este tema, me lo pueden dejar saber a: climentcarlos@gmail.com

VER COMENTARIOS
Columnistas