Decencia

Julio 13, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlos E. Climent

Por motivos de fuerza mayor, la columna del psiquiatra Carlos Climent titulada ‘Decencia’ no fue publicada en la edición impresa del pasado domingo 6 de julio, sin embargo, sí apareció en la edición digital.Hoy esta columna del doctor Climent se publica nuevamente en la edición digital y, aunque algunos párrafos son los mismos, hay otros nuevos que merecen la pena ser leídos.Más allá de complejas explicaciones y de las obvias razones de superioridad deportiva, hay un hecho innegable. Colombia pasó de ser un país conocido por la coca, las masacres, los patrones del mal, los políticos torcidos y los jueces vendidos, a uno capaz de escribir una página deportiva impecable.Un país en su inmensa mayoría compuesto por gente de bien, ha sufrido impotente y por varias décadas la más humillante resignación a manos de unas minorías corruptas. Como si lo anterior fuera poco, estuvo gravemente polarizado por la sucia contienda electoral reciente.El estado anímico nacional cambió radicalmente en pocos días y 45 millones de personas empezaron a vivir con los primeros partidos, de la mano de la decencia y de un puñado de extraordinarios deportistas dirigidos por un técnico fuera de serie, el orgullo entusiasta de un país admirado, respetado y aplaudido por el mundo entero.El clamor de toda Colombia es que se permita la esperanza en un futuro en el cual:*Los líderes hagan honor a su nombre y representen fielmente a la población que los eligió para ejercer sus funciones con honradez intachable. Y que aprendan que no son la prepotencia, la falsedad, la ambición desmedida, la vanidad narcisista y la agresividad, lo que los lleva al triunfo. Lo que contribuye al progreso general es la decencia que debe estar presente en todos sus actos.*Tomando como ejemplo la selección nacional, sus directivos no permitan el “manoseo” de ventajistas y marrulleros, no toleren las roscas de intocables y desechen con energía la manipulación, la deslealtad y el cinismo.*Lo único aceptable es el bien común que se fortalece gracias al trabajo sacrificado y la disciplina. *Los brillantes deportistas resultan inmunes a los efectos devastadores de la gloria. Muy a pesar de que esta les pueda llegar, a muchos de ellos, a una edad muy temprana cuando se hace tan difícil manejarla. *Las personas que se distinguen son aquellas con historias de mérito labradas en largas jornadas de trabajo, sin prontuarios de escándalo, ni deslealtades nacidas de la conveniencia. Que evidencian su noble condición en el compañerismo del juego generoso al dar la oportunidad al que mejores opciones tiene y en el que prima el interés del equipo sobre el individuo.*La hazaña es celebrada con mesura y como producto del profesionalismo disciplinado, serio y silencioso, sin triunfalismos prepotentes, ni revanchismos. Y en la cual nadie reclama los reflectores exclusivamente para iluminar su ego con gestos desafiantes, sino que comparte sus lágrimas emocionadas de manera franca.*Si alguien logra sobresalir lo hace por virtudes propias y porque se ajustó al libreto impuesto por el dirigente respetable. Y, por supuesto, porque en un momento decisivo se sacó de la manga alguna genialidad.*En suma un país en el cual se acepta, sin odios xenofóbicos, la ruta marcada por la seriedad, la moderación y en especial la decencia de un verdadero líder, en este caso el “judío gaucho”, José Pekerman, en buena hora trasplantado a Colombia.carlosecliment@gmail.com

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