Una generación perdida

Agosto 28, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

La serie The Outlander, escrita por Diana Gabaldon, se desarrolla en Escocia a mediados de 1700. Era la época de los Highlander, guerreros polirrojos, que enfundados en su tradicional falda luchaban por la preservación de sus clanes y su independencia de Inglaterra. También fue época de unas condiciones de insalubridad y riesgos para la vida altísimas, las cuales se describen en detalle en la serie. Escorbuto, tuberculosis, plagas y epidemias, pulgas, dientes podridos, madres que morían al parir, niños y adultos cascorvos por la malnutrición. En fin, una amplia gama de males, producto de limitaciones y las condiciones precarias en que se vivía.El informe: Venezuela, an unnatural disaster, un documento del Crisis Group Latin America escrito en julio de este año, hace recordar algunos capítulos The Outlander. El documento describe hospitales sin camas, doctores y suministros médicos; el costo humano de la falta de medicinas; las epidemias no trazadas ni tratadas y la mortalidad infantil y materna. Los autores del documento son muy enfáticos al afirmar que en Venezuela el Gobierno está fallando en su deber constitucional de “garantizar niveles aceptables de condiciones médicas a su población”. El costo en términos de vidas humanas está siento alto y lo doloroso es que es por causas que no debieran existir en un país que está catalogado como “el 12 productor de petróleo en el mundo, con las mayores reservas y el cual se benefició del boom más sostenido del precio en la historia”.No hay un servicio nacional de salud coordinado y eso es por simple falta de voluntad y capacidad de ejecución. No hay provisiones presupuestales para ello porque se los está consumiendo la corrupción rampante. Los hospitales están desmantelados (o no los han construido donde deberían existir). Además de no haber camas para atender a los pacientes (Venezuela tiene el indicador más bajo de la región en camas por cada 100 mil habitantes- 0.9), no hay la divisa para importar suministros hospitalarios tan básicos como equipos para rayos x y tomografías y tampoco hay para importar medicinas. De hecho la organización Médicos para la Salud reportó que de la lista de las medicinas que la OMS considera fundamentales, la mayoría no se consiguen en farmacias venezolanas. También se agotan los guantes quirúrgicos y los catéteres. Los salarios de médicos y personal de apoyo son paupérrimos, y las cifras no gubernamentales de renuncias de médicos a los hospitales públicos es de 12.830; de los hospitales privados es de 2.500. La mayoría de ellos se han ido del país. A lo anterior también debemos sumar la cifra más alta de la región en mortalidad materna y la infantil ha aumentado desde 2006 a 14 por cada 100 mil nacimientos. Entretanto, la famosa “soberanía alimentaria” que quiso lograr el gobierno con las expropiaciones y las nacionalizaciones de compañías y tierras, condujo a la escasez porque ya no se producen ni procesan alimentos suficientes. Hay un déficit mensual de 20 mil pollos, la producción de leche cayó de 5 mil litros diarios a 75 en cuestión de 4 años y una lata de atún cuesta más que un día de salario mínimo. En mayo de 2015, 18 de 58 productos de la canasta familiar básica no se conseguían.Evidentemente, la pregunta del millón es a dónde va a llegar esto. En lo político no se vislumbran cambios, lo cual se traducirá en más crisis: escasez, condiciones de vida precarias, limitaciones, enfermedades, malnutrición y una involución de la cual no quedará sino una generación perdida.

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