Una casa hostil

Una casa hostil

Noviembre 09, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

La comunión es un acto solemne de la Iglesia Católica en el cual se considera que además de recibir el cuerpo de Cristo, la persona está también expresando su compenetración con la institución como tal. En ese sentido es un acto a través del cual se ejerce de una manera integral lo que es el ‘ser católico’.Resulta que en el Vaticano a finales de octubre, 262 obispos reunidos en su sínodo para la nueva evangelización transmitieron un mensaje final en el cual ratificaban que la Iglesia no permite que los católicos divorciados y vueltos a casar reciban la comunión. Los argumentos esgrimidos es que por no vivir bajo el vínculo sacramental del matrimonio, se está en una situación irregular, construida sobre un fracaso anterior y que por ende los sujetos viven en pecado, lejos de la Iglesia. ¡Francamente! Es muy difícil comprender cómo una agrupación de seres humanos que uno pensaría que son medianamente inteligentes, pueden estar buscando la nueva evangelización del mundo, yendo en contravía de lo que es la realidad. Y es que lo que para la Iglesia es una ‘situación irregular’ es cada vez más regular, porque se sabe que los divorcios van en aumento, y que en algunos países el 50% de los matrimonios terminan así.Que un matrimonio termine en divorcio no es el ideal y creo que nadie se casa pensando que eso va a suceder en el término del tiempo. Indiscutiblemente la familia como tal es el núcleo vital de la sociedad y de eso es que se aferran los patriarcas católicos. Sin embargo, lo que no han comprendido es que los divorciados vueltos a casar también constituyen familias, muchas veces con unas dinámicas y unas practicas familiares mucho más maduras y conscientes de lo que pudieran haber tenido en la ‘primera vuelta’, y en ese sentido considerarlos situaciones irregulares es una absoluta falta de respeto y de consideración humana.Lo insólito es que además se le debe agradecer a la Iglesia porque ha sido tan generosa que reconforta diciendo que “el amor de Dios no abandona a nadie, que la Iglesia los ama y es una casa acogedora con todos”. La verdad es que es el tipo de casas al cual cada vez menos quiere uno ir, porque en la medida en que un ser humano decente, ético, trabajador, sensible y buen ciudadano no es aceptado tal cual es, pues ¿para qué?El portal catholic.net va un poco más allá de lo inaudito al decir que “la exclusión de la participación en la comunión eucarística no quiere decir que los divorciados y vueltos a casar estén fuera de la Iglesia. Al contrario, debe exhortárseles a acudir a la celebración de la misa, leer con fervor y actuación la Palabra de Dios y a realizar obras de caridad”. Vea pues, entonces esas personas viven en una situación irregular, son adúlteros, pero para hacer bulto sí son tremendamente útiles.El recientemente fallecido cardenal jesuita Carlo Mario Martini fue lo que el diario El País de Madrid llamó el Papa imposible, no solo por padecer de la enfermedad de Parkinson, sino por ser “moderno, dialogante, crítico, con dudas”. Martini encarnaba ese divorcio evidente que existe entre la Iglesia Católica y el mundo circundante y lo manifestaba con profunda preocupación al preguntarse “¿es la Iglesia una verdadera autoridad o es sólo una caricatura en los medios?”. Lastimosamente para muchos creyentes, y muy espirituales, no sólo es una caricatura en medios, sino que es una institución que ha construido una casa hostil.

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