Un respiro profundo

Junio 25, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Un libro siempre será un baúl de recuerdos: la remembranza de quién se lo regaló, en qué hamaca, sillón o sofá lo leyó, y la evocación de los sentimientos que ese libro provocó, más si son de aquellos profundos que estremecen el alma. Hace unos años aterrizó en mis manos Suite Francesa y con este atesorado obsequio comenzó la devoción por Irene Nemirovsky, autora rusa, burguesa y judía. Suite Francesa es una descarnada descripción de la realidad vivida por un grupo de personajes parisinos quienes se ven en la obligación de huir por la llegada a París del Ejército alemán de Adolfo Hitler en junio de 1940.Al igual que sus personajes, Nemirovsky, -quien salió con su familia de Rusia durante la Revolución Bolchevique- vivió en carne propia la Segunda Guerra Mundial. No obstante, ella más que concentrarse en describir la crudeza de la guerra como tal, en Suite Francesa muestra la manera cómo conciudadanos franceses actúan frente a la situación y se convierten en sus mismos verdugos y mayores enemigos. La desesperación, la maldad, la confusión, la desconfianza afloran, pero también hay sentimientos de bondad, amor y camaradería. En sus notas manuscritas sobre el libro, Nemirovsky dice “Para hacerlo bien, habría que hacerlo en cinco partes. 1. Tempestad en Junio, 2. Dolce, 3. Cautividad, 4. Batallas y 5. La Paz”. Ella sólo logró completar las primeras dos porque en 1942 fue arrestada, enviada a Auschwitz y nunca más se supo de ella. Evidentemente, arranqué con Nemirovsky por el final, pero abrió la puerta a una extensa riqueza literaria que se volvió adictiva. Pasé del relato con trasfondo histórico, al libro atemporal que mejor demuestra su habilidad para crear personajes y a través de ellos proyectar los sentimientos más mundanos, más reales y universales. Con un sugestivo título, El ardor de la Sangre apela a los amores ocultos, vidas truncadas, fidelidad, compromiso, tragedia. Los personajes están unidos por la pasión, el ardor que rebulle de un momento a otro y cambia el curso de sus vidas apacibles. Seguí con David Golder, otro mordaz relato de la miseria y la mezquindad de los seres humanos para quienes el amasar fortunas es más importante que construir relaciones, y que son capaces por ellos de arriesgar su propia vida. El baile por su parte es tan gráfico que parece un libreto para teatro. Es una tragicomedia de una familia que “un buen día se hicieron ricos de golpe” y de cómo su deseo de escalar socialmente los obnubila. Antoinette, la hija que parece estorbar a la madre, sabotea el evento que para su familia hubiera significado entrar en el cerrado círculo de la clase alta parisina. Es imposible no visualizar la manera cómo las doscientas invitaciones vuelan sobre el río Sena, el brillo y los excesos en el vestir de la señora Kampf, el vestíbulo vacío después de horas de incrédula espera, la orquesta que ‘brama’ en el salón desierto y la sacada de trapos sucios al sol de la pareja de nuevos ricos mientras Antoinette observa tras una cortina. Ahora, después de una agitada jornada electoral y el vergonzoso acontecimiento regional, se requiere de un asueto cerebral, y de un respiro profundo. Para aquellos que todavía gozan de un buen libro, un mullido sillón y una plácida tarde de domingo, la obra de Irene Nemirovsky. La más reciente publicación es El Caso Kurilov, que nuevamente atiza el ardor literario por esta autora.

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