Un giro en el oficio

Septiembre 25, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

El Viernes Santo de 1998 se firmó el acuerdo de paz de Irlanda del Norte. Grupos de protestantes y católicos habían comenzado hacia finales de los años 70 un conflicto político que se desencadenó en una intensa lucha fratricida a principios de la década de los 90. Era una sociedad fracturada por la violencia, con miles de víctimas, dolor y muerte a diario. El comienzo de un tortuoso proceso de conversaciones se dio en 1993 y aunque se firmó el acuerdo en 1998, la realidad es que la lucha (no armada) se extendió hasta 2012 cuando la reina Isabel de Inglaterra, en un gesto simbólico, estrechó la mano del Viceministro Martin McGuiness, antiguo miembro del IRA (Ejército Republicano Irlandés).Pasaron muchos años antes de que Irlanda del Norte tuviera en las primeras páginas de sus periódicos titulares que no derramaran sangre. Los principales obstáculos a la implementación de la paz fueron: la eliminación de las armas del IRA, la desaparición de la antigua policía pro británica (RUC) y la retirada de los puestos de control militares instalados en la zona. Algo similar nos sucederá en Colombia a partir del 23 de marzo de 2016 cuando se firme en La Habana el acuerdo de paz entre la guerrilla de las Farc y el Gobierno. Todos somos conscientes que no amaneceremos el 24 con un país en paz. Sin embargo, la travesía hacia allá habrá comenzado y algún día nuestros titulares de prensa también dejarán de derramar sangre, como efectivamente se dio en el Irish Times, el Newsletter y los periódicos provinciales en Irlanda del Norte.Es un hecho que la paz traerá cambios en el contenido de las noticias. La pregunta es, ¿la prensa nacional como un conjunto y cada periodista colombiano en lo personal se están preparando para ello? El mundo como lo conocíamos como periodistas nos va a cambiar. Fuimos formados en medio de secuestros, asesinatos, atentados, extorsiones. Fuimos formados en medio de la guerra y para la guerra. Muchos errores de criterio se han cometido en el camino y una reflexión que está por hacerse es hasta qué punto también fuimos artífices de este conflicto por darles cabida a los protagonistas cuando simplemente no se ha debido. La Fundación Konrad Adenauer publicó un sesudo documento que recomiendo, llamado ‘Pistas para narrar la paz - periodismo en el posconflicto’ y plantea unas “propuestas concretas para aportar a la paz desde la comunicación y el periodismo”. En cuanto a ejes temáticos, hace un par de años el docente y columnista de Semana online, Juan Diego Restrepo planteó que el postconflicto “abrirá la puerta para la ejecución de recursos nuevos o la ejecución de programas de asistencia masiva a la población. Para que estos dineros cumplan con su objetivo se requiere de periodistas dispuestos a vigilar que lleguen a donde tienen que llegar y que no se pierdan en los vericuetos de la burocracia o la corrupción”. Pienso que además de asumir una actitud proactiva hacia la inclusión, la tolerancia, el sentido de comunidad y la ética, debemos pensar en capacitarnos mejor en los temas que desde ya están en la agenda noticiosa pero que no hemos tenido cabeza para abordar responsablemente: entre otros, medio ambiente (en particular el agua), inmigraciones masivas y el cambio que viene en las sociedades, crisis financieras y cómo nos va a afectar localmente. Mejor dicho, dejar de mirarnos tanto el ombligo y darnos cuenta, por fin, que somos parte de un mundo que cambió mientras aquí nos dábamos bala.

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