Por favor, una camisa de fuerza

Diciembre 24, 2010 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Existen ciertos comportamientos que la dignidad y el fuero de un ex presidente no permiten, y uno de ellos es estar haciendo uso de una red social para lanzar epítetos insultantes y diatribas viscerales en contra de sus detractores, porque digan o no ellos la verdad, un ex presidente es un ex presidente y como tal se debe comportar.El pasado domingo, a partir de las tres de la tarde, y después de leer la columna ‘El amigo secreto’ de Daniel Coronell en la revista Semana, Uribe arrancó a través de Twitter una andanada de insultos en contra del periodista, la cual bajó un poco de decibeles apenas entrada la noche del lunes, cuando retomó el tema su hijo Tomás. En su escrito, Coronell informa sobre una presunta reunión -promovida por el primogénito de Uribe- entre dos representantes de compañías interesadas en licitar para el tramo 3 del multimillonario contrato de la carretera entre Villeta (Cundinamarca) y Bosconia (Cesar), también llamada la Ruta del Sol. Al cierre de la columna, Coronell recuerda a los lectores que tampoco volvimos a saber nada de las declaraciones de renta de los jóvenes y muy exitosos delfines, las cuales “su padre prometió entregar hace dos años”.Además de usar en sus tweets el calificativo de “periodista mafioso”, el ex mandatario le atribuyó a Coronell la condición de “sicario y estafador”, “sicario moral”, “mentiroso redomado” y “sicario cobarde”. Qué poca altura y qué mal ejemplo para las nuevas generaciones a quienes nos apremia enseñarles cultura democrática, competencias ciudadanas y tolerancia frente a las diferencias. Grave, muy grave viniendo de quien durante ocho años fue Presidente de la República. Claro, a pocos sorprende, porque si algo ha caracterizado el proceder de Álvaro Uribe es que actúa con las vísceras y no con la razón. Triste, porque hace un inconmensurable daño a su imagen y a su reputación tanto a nivel nacional como internacional, e independientemente de los reparos que unos y otros tengamos sobre su gestión, hay que aceptar que al entregar su cargo tenía un 80% de favorabilidad en Colombia y además ha sido reconocido como un líder ejemplar en diversos países del orbe. Evidentemente lo que está haciendo –e hizo durante los últimos ocho años- Daniel Coronell es cumplir con su deber como periodista, porque cuando se está tan enterado del tejemaneje interno de un Gobierno y de quienes hacen parte del círculo más cercano, no hay una opción responsable diferente a la de informar. Álvaro Uribe, por su parte, tiene la responsabilidad con este país y consigo mismo, de respetar su majestad de ex presidente y mantener el decoro. Difícil sin embargo que alguien lo convenza de que se está equivocando en su actuar y que nadie le está haciendo tanto daño como él mismo. ¿Será que no se da cuenta que con su proceder irracional pierde credibilidad? La camisa de fuerza fue inventada en la era Victoriana con el fin de lograr controlar a quienes tenían algún tipo de desequilibrio mental y que pudieran llegar a hacer daño a la comunidad o a ellos mismos. Claramente, es hora de que alguien proteja a Álvaro Uribe de sí mismo, porque no basta con aislarlo como propuso Daniel Samper Ospina hace poco. El punto es que sus manos no deben tener la posibilidad de tocar el teclado de ningún adminículo conectado al Internet. Por eso lo mejor para él y para los colombianos, es que, por favor, lo pongan en una camisa de fuerza.

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