Pifiados y desubicados

Agosto 31, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Es evidente que el movimiento Puro Centro Democrático, creado por el expresidente Álvaro Uribe y su círculo más cercano, de centro no tiene nada. Lo veo como una adaptación criolla poco elegante del radical Tea Party estadounidense.En el PCD se han asentado quienes representan el ala extrema del pensamiento conservador, este, un partido centenario que implosionó de una manera vergonzante dejándonos huérfanos a muchos que creíamos en él. El PCD por su parte es un grupo guerrerista, intransigente y liderado por un ser obcecado con la verdad absoluta. Eso sí, su verdad. Ciertamente, confieso que llevo un buen tiempo buscando algo de sustancia en ese movimiento y no la encuentro. Eso sucede porque no la hay, es reactivo y creado con el propósito de oponerse a quien ven como un “traidor” de sus presuntos principios. En ese sentido es un movimiento que lejos de construir, lo que hace es destruir.Hace unas semanas Thomas Friedman, columnista de The New York Times y autor de un libro llamado That Used to Be Us (Eso éramos nosotros), hablaba sobre esa falta de sustancia en la campaña republicana actual y la manera cómo la radicalización del Tea Party estaba desviando la atención de los problemas de fondo en su país. Según Friedman, Estados Unidos está en necesidad urgente de una oposición al presidente Obama que sea madura, pensante y creíble, pero no la ve ni por las curvas con Mitt Romney y menos con el Tea Party. Al parecer, tal como sucede con el Partido Conservador en Colombia, el Republicano también implosionó.Con la llegada de Paul Ryan a la contienda electoral como candidato republicano a la Vicepresidencia, Friedman considera que existe la garantía de una discusión somera sobre la economía y sus graves falencias. Pero para él todavía no se ha abordado lo real (y esperamos que Romney lo haya hecho anoche en su discurso en la Convención en Tampa): “Cómo generar desarrollo y lograr que cada estadounidense tenga los talentos requeridos para un mundo globalizado; cómo cumplir con los retos que plantea la necesidad de energía y el cambio climático y cómo crear una política de que permita integrar a los inmigrantes más talentosos del mundo a la economía más innovadora del mundo”.Entretanto el Tea Party gestiona por su lado. Según The Economist, el domingo en una iglesia en Tampa arremetió contra Barack Obama y su círculo cercano con unas diatribas que francamente reflejan el estado degradante de sus argumentos (uno de los fundadores del movimiento equiparó a Nancy Pelosi con una bruja).Una de las tesis de Friedman en sus escritos, es que sin una acción colectiva, difícilmente se logra arreglar lo que necesita arreglo. En ese sentido el trabajo mancomunado de la fuerza laboral, las empresas, el Gobierno y los partidos políticos se hace indispensable. “Los líderes siempre se destacan cuando combinan practicidad y flexibilidad, no radicalismo y una negación al diálogo y los compromisos. Nunca tendremos un consenso absoluto sobre cómo vamos a llegar a donde vamos, pero debemos tener consenso acerca de dónde vamos”Ciertamente en Colombia tenemos un problema de seguridad, ¿pero será que resolverla es nuestra única meta? Yo sí creo que tenemos asuntos de fondo que ameritan discusiones colectivas medulares, con altura y madurez. Es la única manera de construir. Debemos entonces retomar nuestros partidos de las garras del radicalismo y pararnos en un verdadero centro donde las ideas sustanciales sí se puedan debatir.

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