Paso a paso

Paso a paso

Diciembre 21, 2017 - 11:40 p.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Año tras año los colombianos seguimos pensando que vamos a ver un cambio dramático en los resultados del país en las pruebas Pisa.
Seguimos pensando que vamos a ubicarnos en un puesto que nos extraiga de la cola vergonzante donde están los países más atrasados en temas de educación. Pero no, y eso no pasa porque en temas de educación los cambios no se dan de la noche a la mañana, tampoco de un año al otro. Es paso a paso y los resultados se ven en el mediano plazo.

Algo similar sucede con la educación en la familia. Así como existen núcleos familiares sanos, en los cuales los niños florecen gracias a la adecuada atención, amor y acompañamiento, existen otros ambientes familiares malsanos, violentos, agresivos en los cuales no se están sino criando niños problema quienes hasta pueden llegar a ser los delincuentes del mañana. Lo que está demostrado es que en estos últimos se puede generar un cambio hacia lo positivo a través de la educación en buena crianza. El tema es, ¿quiénes están dispuestos a aceptar que necesitan algo de guía en este mundo de ser padres y están dispuestos a cambiar sus comportamientos?

La Alianza para la Buena Crianza le apostó a eso de educar a las familias, lo cual en últimas es una de las claves en el proceso de construcción de paz. Hace un año revivió los talleres que había comenzado a implementar con éxito en algunas comunidades hace algo más de una década y hace una semana se presentaron los primeros resultados. Se trata de una serie de estrategias de información, comunicación y educación que buscan sensibilizar a madres y padres en la necesidad del buen trato, con el fin de prevenir la violencia intrafamiliar.

Evidentemente el primer paso es la aceptación de que efectivamente al interior de la familia hay un problema y que es necesario tratar de resolverlo como una unidad. Tiene mucho que ver con el manejo de sentimientos, emociones, rabias, frustraciones y con el manejo sano de los mismos. El hecho de estar basado en el formato de talleres contribuye a que exista ayuda entre los asistentes quienes, al estilo de grupos de apoyo como Alcohólicos Anónimos, comparten experiencias y vivencias y sobre el vínculo afectivo que es la realidad de cada familia, se construye.

Quienes somos padres sabemos primero, que los hijos no vienen con un manual de instrucciones, y dos, que hay que establecer límites en el marco de la afectividad y el uso de la razón. El problema es que muchos no sabemos cómo hacerlo.

El esfuerzo hecho por la Alianza por la Buena Crianza en este último año es de destacarse y ojalá replicarse, ahora más allá de las fronteras de los siete municipios del Valle que fueron intervenidos. El hecho de tener 1200 familias formadas en habilidades de crianza quiere decir que tenemos menos padres pegando y gritando a sus hijos, es decir menos maltrato y por ende menos daños en el desarrollo cerebral de los niños. Eso es un gran avance, es un primer paso.

Como los testimonios de los beneficiados son la mejor prueba de las gestiones, cito a Margaret Méndez quien el viernes pasado dijo a este diario: “Este taller me enseñó que no soy perfecta y aprendí a observar que era una persona muy explosiva, que gritaba mucho y poco entendía a mis hijos. Cuando yo cambié, llegó la armonía a mi familia y ahora soy una mejor madre”. Tal como con las pruebas Pisa y la inversión en educación, los resultados de estas intervenciones en buena crianza son un proceso de paso a paso, pero así -con pie derecho- es como se comienza.

Sigue en Twitter @CarlinaToledoP

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