Partidos en dos

Mayo 09, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

El espectáculo del escenario político en la última semana ha sido absolutamente ordinario, por decir lo menos. Entre la columna de Fernando Londoño Hoyos que le mereció un justificado llamado de atención por parte de las Directivas de El Tiempo (tal y como le sucedió hace ya unos años con otros dos medios impresos por una columna similar), los 12 millones de dólares que JJ Rendón al parecer recibió de alias Comba, y las hackeadas de Andrés Sepúlveda, lo que hemos visto es lo peor de la esencia humana. El sabor que nos queda a los colombianos es que los problemas sustanciales del país y sus soluciones han pasado a un plano inferior y que estamos enfrascados entre el odio de dos individuos y los bandos que se han creado a su alrededor. Cómo unos seres humanos presuntamente maduros, educados y cultos se dejan envolver en eventos propios del bajo mundo del hampa, es algo que uno francamente no entiende Tristemente lo que también nos han dejado claro los acontecimientos de esta semana, es que la paz está completamente politizada y que si ese sigue siendo su camino, va a ser completamente inviable alcanzar el tan anhelado fin de la guerra en la que nos tienen inmersos. En la medida en que hora tras hora el debate político se centra en otra guerra basada en el lenguaje del odio, la venganza y los resentimientos, es evidente que no estamos preparados para vivir en paz y que quienes nos quieren gobernar no están en capacidad de prepararnos para ello tampoco.Pensaría uno que la pedagogía de la paz debiera provenir del mismo Estado, un Estado que ha sido protagonista del conflicto en la medida en que es la contraparte de una guerra iniciada por un grupo ilegal que obra al margen de la ley. El Estado se ha visto forzado a echar bala también, los presidentes de turno, al ser también Comandantes en Jefe del Ejército han tenido que usar un lenguaje bélico, que llama a la muerte. Han expuesto también a los muertos de la contraparte como trofeos, actos de la peor calaña. No obstante lo anterior, el Estado tiene a su favor que es una institución legal, que defiende los derechos de los colombianos. De ahí que la responsabilidad ética sea la de dar el buen ejemplo y ese ejemplo debiera ser el de sembrar las semillas de la paz y el postconflicto. Apelar al fin último que es el perdón y la reconciliación.Sí creo que el Gobierno, encabezado por Juan Manuel Santos, ha tenido la voluntad genuina de asumir la responsabilidad de la pedagogía de la paz. Su problema es que concomitante al desarrollo de los diálogos, se ha tenido que enfrentar a la ferocidad de la guerra sucia de los detractores y todos somos testigos que es una guerra de una bajeza inconmensurable.¿El paso a seguir cuál es? Pues la lógica diría que debemos sustraer el tema de la paz del ámbito de lo político y permitir que mientras el Gobierno negocia en la mesa de La Habana, quienes diseñen e implementen la pedagogía de la paz sean otros. Para generar un ambiente favorable al perdón y la reconciliación, de pronto la solución es dejar que se sigan sacando los ojos los políticos y poner el programa en manos de aquellos en quienes sí se puede creer porque han comprobado que saben ejecutar. La lógica nos dice que eso es el sector privado. Que transformemos la idea de la paz y nuestra actitud positiva frente a ella es posible. El sector privado sabe construir empresa, es hora de permitirles y de exigirles construir el nuevo país.

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