No se vive, se sobrevive

No se vive, se sobrevive

Junio 03, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Miceas José nació un sábado de Mayo en Valencia, Venezuela. Su familia no se esperaba la noticia que les trajo el médico que atendió el parto, porque la verdad es que su mamá fue a los controles prenatales con juicio una vez supo que estaba embarazada. El hecho es que Miceas José nació con hidrocefalia y requería de una cirugía urgente para drenar el líquido que tenía en el cerebro y para eso, el neurocirujano necesitaba un sistema valvular pediátrico especial. En las condiciones de suministro de insumos médicos en Venezuela eso no era una tarea fácil, pero los compañeros de trabajo de la abuela del bebé activaron de inmediato su red y no sólo se logró conseguir la válvula, sino el dinero para la cirugía. Ya operado, Miceas será un niño especial y es incierto si logre caminar.¿Por qué fue sorpresa la hidrocefalia del bebé? No se detectó, ya sea por desconocimiento o por negligencia médica, pero en últimas lo que refleja la situación de Miceas es una falla generalizada del sistema de salud en Venezuela: falta de conocimiento y vocación, falta de equipos adecuados para exámenes, falta de medicamentos y suministros, consultas y citas que se dan a destiempo o en unos tiempos absurdos.Entretanto, al abrir la llave del agua en casas, hoteles, el comercio y lo que queda de la industria, sale un fuerte olor azufrado. Cuentan que es debido a un alto nivel de aluminio en el agua, consecuencia de plantas de tratamiento que no funcionan bien. La sobreexposición permanente a este metal está causando problemas de piel entre grandes y pequeños en Valencia.Desde la ventana del hotel –donde no se perciben las penurias que viven quienes están afuera-, de día se ve un caos vehicular y de noche la desolación es total. Carros viejos que dan los últimos estertores de vida, vías sin trazar, semáforos que quedan muertos al irse la electricidad y la inseguridad rampante son el día a día. La estética de la ciudad también sufre por las zonas verdes enmontadas y edificios que se descascaran.En últimas, lo que se lee y se oye, es cierto. Escasean la comida, los suministros industriales, los implementos de aseo, los medicamentos, el dinero en los cajeros y también la esperanza, porque pocos piensan que la salida de la encrucijada que viven, esté cerca. El bachaqueo mantiene contento a un sector importante de la población que ya se acostumbró a vivir del mercado negro y por otra parte, no hay un liderazgo contundente que lleve a la gente inconforme a generar un verdadero movimiento social en contra del Gobierno.Así que en Venezuela más que vivir, se dedican a sobrevivir y eso en medio de todo, dejará unos pilares importantes sobre los cuales reconstruir el país cuando les llegue el momento. El sentido de la solidaridad que se ha activado frente al sufrimiento colectivo es muy sólido, la creatividad que se ha generado frente a las adversidades y la escasez es admirable y la voluntad férrea de seguir adelante no obstante la situación, es fuerte. Uno inevitablemente se autoanaliza y se pregunta, ¿cuánto damos por hecho en Colombia?Lo cierto es que Venezuela duele, pero también duele ver los malagradecidos que son algunos colombianos. Lejos estamos de vivir una situación similar. Lejos estamos de un gobierno castro-chavista. Claramente hay fallas y no vivimos en un mundo perfecto, pero los colombianos vivimos y tenemos un gobierno que se ha propuesto lograr que cada día vivamos mejor.

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