¡Ni una más!

Junio 08, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Camilo tenía tan sólo 2 años cuando murió a raíz de los maltratos propinados por su madre. Entre ellos, una violencia sexual difícil de comprender: le fueron encontradas astillas de madera en el pulmón, lo cual llevó a los médicos forenses a deducir que en algún momento fue agredido por el ano con un palo. Así de macabro como suena. Así como fue agredida en el Parque Nacional de Bogotá, Rosa Elvira Cely de quien los médicos que la recibieron en el hospital dijeron que jamás habían visto algo más horrible. Rosa Elvira fue empalada además de apuñalada, violada y golpeada.En el delito atroz cometido en contra de Rosa Elvira existe un trasfondo que exacerba la solidaridad de género. Quienes hemos puesto el grito en el cielo somos principalmente mujeres, y eso es comprensible porque cada violación y agresión contra una de las nuestras la sentimos en carne propia. Triste porque los hombres debieran sentir lo mismo cuando nos sucede algo así, pero muchos lo ven como algo lejano y que no les atañe ni les compete.En Colombia es claro que además de las mujeres, la otra población más vulnerable en términos de violencia y maltrato son los niños. Los casos que conocemos en ambos sentidos son de un impacto emocional indescriptible y en ese sentido vale la pena recordar no sólo al pequeño Camilo, a quien llevo tallado en el corazón, sino a Luis Santiago, por ejemplo, el niño de Chía, asesinado por su propio padre; o Clarena Acosta asesinada por su exesposo un 31 de diciembre mientras celebraba con sus hijos; o Lizzette Ochoa, golpeada brutalmente por su esposo saliendo de una fiesta en Barranquilla.Son actos que superan nuestro raciocinio por la dimensión de maldad y sevicia que contienen y aunque es clarísimo que algo grave sucede con nuestro sistema judicial, debo confesar que el tema que más me preocupa es el psicosocial. ¿Qué hay en nosotros que se está creando este tipo de personalidades sin alma? Evidentemente es un desalmado quien puede mirar a los ojos a alguien de su propia sangre o a alguien de su entorno familiar o social y agredirlo de la manera como hemos visto, sin el más mínimo reparo. El asesino de Rosa Elvira Cely fue al colegio al cual los dos asistían, el mismo día en que la dejó tirada a la orilla de un río desangrándose. Para eso se necesita estar despojado de todo tipo de sentimiento. Tener la sangre fría.Lo que yo quisiera ver después de este gran movimiento de indignación frente a los actos atroces cometidos en contra de Rosa Elvira Cely, el cual surgió a través de redes sociales, se tradujo en unas marchas y está plasmado en la frase ¡Ni una más! es que eso se proyectara en unas exigencias concretas al Gobierno colombiano. Claramente la Justicia inoperante tiene su corresponsabilidad y se necesita en ese sentido de una reingeniería urgente. Sin embargo, mientras no estudiemos, conozcamos y trabajemos a conciencia las raíces más profundas del problema, todo intento por detenerlo será infructuoso. Somos una sociedad que está creando personas peligrosas para la sana convivencia, que son una amenaza permanente para las poblaciones más vulnerables y yo sí quisiera saber el porqué. De manera que de mi parte, eso es lo que exijo. Dejémonos de tanta demagogia y lamentos y dispongámonos a estudiar lo que es verdaderamente relevante, porque actos como los cometidos contra Rosa Elvira o mi querido Camilo, jamás quiero volver a saber de ellos.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad