Me voy con el “hacer”

Mayo 13, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

En Colombia estamos en la mitad de una serie de debates que son, por decir lo menos, sensibles. Por un lado está el tema de la práctica del aborto en tres circunstancias concretas: violación, malformación del feto y riesgo para la vida o salud de la madre. La Corte Constitucional en la sentencia 355 de 2006 lo despenalizó, pero el Senador y Presidente del Partido Conservador, José Darío Salazar, va a radicar el próximo 20 de julio un proyecto de ley que busca echar para atrás lo avanzado en el tema. Por otra parte, Salazar y la Iglesia Católica se manifestaron también en contra del matrimonio entre parejas del mismo sexo. Ellos argumentan que el único modelo de familia está formado por un hombre y una mujer, y, a su parecer, admitir modificaciones a esta creencia sería estar ad portas de la mismísima perdición. Sin embargo el debate más sensible es el de la posibilidad de permitir que parejas homosexuales adopten hijos. Es una decisión compleja que tendrá que tomar dentro de pocos días la Corte Constitucional y, por tener de por medio el bienestar y la estabilidad emocional de los niños y niñas, el debate se debe dar con altura, sin pasiones ni fanatismos. Personalmente llevo muchos meses argumentando conmigo misma al respecto porque creo firmemente en la prevalencia de los derechos de los niños, y considero que bajo ninguna circunstancia éstos deben ser vulnerados. La luz al respecto provino de dos columnas recientes publicadas en El Espectador, una de ellas de corte filosófico, ‘Ser, hacer o parecer’, de Héctor Abad Faciolince; la otra, ‘Homosexualismo, sociedad y derecho’, de Yesid Reyes Alvarado, recurre a tesis jurídicas.Hector Abad dice, “se cree equivocadamente, que la orientación sexual otorga o quita cualidades morales. Lo cierto es que las inclinaciones sexuales de una persona (hétero, bi, homo) no la convierten en un mejor o un peor ciudadano, en una mejor o peor madre de familia”. Como dice Philip Pullman, “podemos controlar lo que hacemos, pero no lo que somos. Lo que hacemos es moralmente significante, lo que somos, no”. De modo que “así como la raza, la lengua o la nacionalidad en general, no debieran importar, tampoco las inclinaciones sexuales deberían jugar ningún papel al escoger al padre adoptivo”.El argumento de Yesid Reyes radica por su parte en una pregunta: “¿no es la prohibición legal la que motiva una censura hacia quienes actúan de esa manera?” Reyes considera que el derecho ayuda a moldear conductas sociales, y que “sería deseable que la Corte no cayera en la trampa de creer que el derecho debe ceder frente a un hábito social”, el cual es la discriminación.El planteamiento ético es el que debe preponderar en esta discusión. Los niños y niñas sin hogar en Colombia deben tener la oportunidad de contar con una familia donde haya amor y se les proteja y oriente. A una pareja homosexual que quiera adoptar se les debe analizar sus calidades humanas, sus logros, sus metas, sus principios y valores, exactamente igual a como se hace con las parejas heterosexuales que aspiran a adoptar. No por legislar a favor de la adopción quiere decir que cualquier pareja lo podrá hacer, ellos tendrán que someterse a las condiciones generales de la adopción en Colombia. Unos pasarán la prueba, otros no. Pero al legislar a favor de ellos se daría un mensaje contundente: lo que vale es lo que se hace y no lo que se es o parece ser.

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