Me hastié de Bogotá

Abril 25, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

No sé si a todos quienes lean esta columna les estará pasando lo mismo que a mí, pero estoy absolutamente hastiada con el tema de Gustavo Petro en Bogotá y con la manera como los medios han manejado el despliegue de los ires y venires del personaje en la Alcaldía en los últimos meses.La exacerbación de los ánimos que produjo la sanción del Procurador y los años de inhabilidad con los cuales lo condenó a la muerte política, desató algo similar a una locura generalizada. Dos bandos, unos a favor de la acción del Procurador y otros en contra. Noticias y entrevistas al respecto a diario, balcones, manifestaciones, y los medios ahí, dándole la pantalla que tanto quería el burgomaestre Progresista. En paralelo también pasaban cosas en las redes sociales y mucho de lo que ha circulado por allí ha sido de quinta. Los mensajes, las imágenes y lo dicho por Facebook y otras herramientas como Whatsapp y Twitter han demostrado hasta cierto punto la crueldad y la intolerancia humana. Nos hemos olvidado que estamos también hablando de un ser humano quien no obstante sus errores, se merece respeto.A todas estas, las demás noticias de este país sujetas a tratamiento de segunda. Recuerdo mucho la indignación que me produjo hace varias semanas una portada de Petro en Semana, replicada de manera similar en primeras páginas en medios impresos de circulación nacional (y muchos regionales), además de los medios electrónicos, mientras nuestra Buenaventura se descuadernaba. La Puerta al Pacífico tocaba fondo y los 47 millones de colombianos pendientes de Bogotá.Hago un paréntesis para destacar la labor de La W Radio con respecto a lo de Buenaventura. Esta emisora, a través de la insistencia y persistencia de su corresponsal en Cali, Karla Arcila, se dedicó a visibilizar la grave problemática del Puerto, mientras los demás debatían por horas las desventuras de Petro y la Capital.Evidentemente no se trata de ser insensible con el destino de una ciudad tan importante, porque sí es de la mayor gravedad la interinidad en la que se encuentra. ¡Pero ya! ¿Hasta cuándo será que en otras ciudades y regiones nos tenemos que aguantar la actitud de indiferencia de la prensa nacional hacia nosotros? La verdad es que es hasta desagradable y considero que de una visión periodística bastante miope. Estamos ad portas de unas elecciones presidenciales que definirán nuestro destino en los próximos cuatro años. ¿Será que podemos empezar a exigir a los candidatos sus programas de gobierno, los analizamos y los debatimos abiertamente como lo exige el ejercicio de una ciudadanía (y un periodismo) responsable? ¿Qué tal si volteamos los ojos hacia la Guajira, otra región olvidada y sumida en la miseria, en la cual están muriendo de desnutrición cientos niños ante la mirada impasible de la autoridades y el mismo Icbf; miles no tienen agua y la corrupción rampante tiene permeada la política y por ende la sostenibilidad de la institucionalidad como tal? La problemática del Casanare va mucho más allá de chigüiros muertos, en la Amazonia y el Chocó no hay infraestructura ni acceso a educación de calidad. ¿Será que alguien de los medios ha pasado recientemente por Ciénaga, Pasacaballos, o algún pueblo en Arauca o Nariño?Indiscutiblemente es hora que empecemos a exigir mucho más de los medios. Ellos son lo que son por nosotros, sus audiencias, y si nos volvemos conformistas y complacientes con los contenidos, es una gran batalla ciudadana que perdemos.

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