Manos que dejan huella

Manos que dejan huella

Agosto 31, 2017 - 11:40 p.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Hasta 1974 el artículo 262 del Código Civil decía que: “El padre tendrá la facultad de corregir y castigar moderadamente a sus hijos, y cuando esto no alcanzare, podrá imponerles la pena de detención, hasta por un mes, en un establecimiento correccional”.

Ese año tuvo su primera modificación y en 1994, después de un acalorado debate que se llevó a cabo ese año en la Corte Constitucional, cinco magistrados votaron a favor de cambiar ese texto por el actual, que dice: “Los padres tendrán la facultad de vigilar la conducta de sus hijos, corregirlos y sancionarlos moderadamente”. Ellos consideraron en su momento que “una palmada es algo razonable, pero no lo es el quemar o golpear con brutalidad”.

Cuatro magistrados estuvieron en contra de este cambio con el argumento de que las sanciones a los hijos debían estar excluidas de la Constitución porque ésta prohíbe cualquier forma de violencia familiar. Ellos perdieron y en esta ambigüedad entre lo que dice la Constitución y el articulito del Código Civil perdieron los niños porque, ¿quién delimita lo que de una a otra persona es una sanción moderada?

Claramente no hay forma de que sean positivas las consecuencias del castigo físico o sicológico porque está comprobado que tiene efectos hasta en el desarrollo cerebral de un niño. Tristemente el infame texto sigue ahí porque todavía hay un gran porcentaje de la población que cree que a punta de golpes se puede criar gente de bien.

La semana pasada Rodrigo Guerrero, exalcalde de Cali, retomó un trabajo que a través de la Fundación Carvajal implementó hace más de una década con el fin de promover las habilidades de crianza para la prevención de la violencia. El fruto de esos talleres de buena crianza y los testimonios de los beneficiados (tanto madres, padres e hijos) le sacan lágrima a cualquiera.

Con el fin de continuar esta labor, una serie de organizaciones públicas y privadas se unieron para lanzar en el Valle del Cauca la Alianza por la Buena Crianza, la cual busca prevenir el maltrato infantil porque las huellas indelebles que deja son la semilla de la violencia en la sociedad. La idea de esta iniciativa es trabajar con las familias a través de talleres para enseñarles que hay herramientas de educación muy diferentes a los golpes y los maltratos. Claramente en un ambiente familiar deben existir normas, límites y firmeza en la implementación de ellas porque de lo contrario lo único que estaríamos sembrando sería la anarquía y eso es lo que hacen los talleres: enseñar el cómo.

En los estudios que ha llevado a cabo Guerrero, comprueba que los niños que han crecido en un ambiente de desamor y maltrato tienen una clara predisposición biológica hacia la violencia cuando crecen. En cambio, para aquellos que crecieron en ambientes amables, con límites, acuerdos y buena comunicación, la predisposición hacia la violencia disminuye. Esto último claramente es la base de una buena crianza la cual es definida por la Alianza como “un medio a través del cual se facilita “la expresión de los sentimientos, se estimula el desarrollo integral de los niños y brinda la posibilidad de identificar y manejar sin agresión las dificultades que se presentan en la vida cotidiana”.

Es obvio que ninguno de nosotros es un santo y en el proceso de educar hay momentos en que se nubla la entendedera y actuamos de manera irracional. Eso es humano. Lo que también es humano es la facultad de aprender, de cambiar, de evolucionar y a través de iniciativas como ésta podemos aprender a tener unas manos que dejan en nuestros hijos huellas positivas y en la sociedad también.

Sigue en Twitter @CarlinaToledoP

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