Los niños perdidos

Mayo 10, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Seguramente recuerdan a los Niños Perdidos, el grupo de amigos de Peter Pan. Ellos viven entre un árbol en el país del Nunca Jamás, se la pasan de travesura en travesura, sin reglas y normas, sin más familia que ellos mismos, escondiéndose del Capitán Garfio y no quieren crecer para evitar convertirse en adultos.Nibs, Curly, Slightly, Tootles y los Gemelos son como ese grupo de jóvenes y adolescentes que por uno u otro motivo se encuentran recluidos, volándose o ad portas de centros de reclusión como Valle del Lili y el Buen Pastor, porque finalmente también están a la deriva y parecieran importarles a pocos. Después de analizar este problema sobrediagnósticado por violentólogos, sociólogos, antropólogos, psicólogos y cuanto estudioso del tema hay, mi conclusión es que todos esos muchachos en el fondo lo que necesitan es un norte, formación, afecto, reconocimiento y oportunidades de vida, porque uno no decide ser malandro porque sí.Algunos dirán que quien vive en el país ideal del Nunca Jamás es quien escribe, porque esos jóvenes y adolescentes que ya andan de sicarios, traficantes o extorsionistas lo que merecen es que les caiga todo el peso de la ley, y eso sí, de la ley para adultos. Evidentemente nos encontramos en una encrucijada judicial frente a un hecho de la mayor gravedad y es que tenemos miles de niños y adolescentes que han traspasado los límites y se han convertido en delincuentes. No obstante, yo si soy de la teoría de que hasta que cumplan la mayoría de edad son niños y el sistema penal y judicial como tal tiene que seguir manejándolos acorde con lo dispuesto en el Código de Infancia y Adolescencia. En últimas, gústenos o no, el hecho de que estén allí es culpa de todos nosotros por indolentes e indiferentes.También debemos comprender que no es un dilema policial, porque llenar los centros de agentes no especializados en niños es una acción reactiva en la cual el remedio puede resultar peor que la enfermedad. Tampoco podemos achacarle las fallas a la pedagogía de los operadores de los centros porque con muchos muchachos sí logran cumplir.Lo que sí debemos admitir es que el Código de Infancia se orienta a una población de adolescentes cuya fechoría más grande pudiese ser robarse una chocolatina o dos. Es claro que los autores jamás vislumbraron esta anormalidad que estamos viviendo, pero la solución no es cambiar la ley. El quid de este problema estructural es definir quién asume el deber de crear y expedir una política pública integral orientada a atender apropiadamente a esa población de niños delincuentes a través de la resocialización y la creación de oportunidades, y a prevenir que caigan otros en ese hueco. El Código habla de corresponsabilidad en la atención a niños, jóvenes y adolescentes. Yo recalco que sí es en la familia, el Estado y la sociedad en quienes recae el deber de aportar al mundo ciudadanos de bien. Sin embargo, tenemos que dejar de pelotearnos esa responsabilidad y que cada cual asuma lo que le corresponde. Lo que sí tengo claro es que en últimas, el Estado es quien debe dirigir con una política pública a la cual nos acojamos todos. Con la Estrategia de ‘Cero a Siempre’ el Gobierno demostró haber comprendido que la atención integral a la primera infancia es una prioridad. Ahora que ya está en marcha y dando sus frutos, es hora de mirar hacia los Niños Perdidos, y eso sí rápido, antes de que se nos embolaten del todo.

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