¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo?

Marzo 11, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Con todos los casos que se conocen de personas que depredan menores a través de redes sociales, se pensaría que los hechos delictivos debieran disminuir. La lógica le dice a uno que a mayor información, más posibilidades de prevención y claramente el acceso a datos es casi que infinita. En ese orden de ideas los padres tienen más elementos para alertar a sus hijos y así protegerlos.Sin embargo la cosa no es así. Los casos de niños y niñas depredados y luego agredidos sexualmente aumentan de una manera alarmante, lo cual quiere decir una de dos cosas (o las dos): que los progenitores no se están sabiendo comunicar de una manera asertiva para lograr prevenir, y/o que los depredadores se están volviendo cada vez más sofisticados para atraer a sus trampas a los inocentes. La semana pasada se conoció -tímidamente- del caso de un hombre caleño, de 40 años quien desde una casa en el exclusivo barrio de Ciudad Jardín de Cali y con el falso nombre de Valen Parra, se hizo ‘amigo’ de un par de niñas de 13 años a quienes les pidió fotos de ellas desnudas. Presuntamente después de enviadas las fotos, él revelaba que era un hombre y comenzaba a intimidarlas para que enviaran más fotos o accedieran a sus deseos sexuales. Una de las niñas le dijo a la mamá, la otra se trató de suicidar. Las dos madres denunciaron ante la Fiscalía y comenzó la investigación.El hombre sabía de sofisticación en la persecución porque las informaciones dicen que es ejecutivo de una empresa de seguridad informática. La evidente premeditación detrás de los casos conocidos es a todas luces indicativo de un depredador. Según los investigadores ese hombre podría estar involucrado en 20 casos más.Dicen la noticias que mientras era inspeccionada la casa el sujeto mandó una memoria USB por el inodoro, pero que de su computador se extrajeron fotos de niñas desnudas y videos de él accediendo carnalmente a mujeres presuntamente adolescentes, lo cual en realidad sería violación. En épocas de Gilma Jiménez se propusieron los llamados muros de la infamia, que básicamente era la “publicación de nombres y foto de personas condenadas por delitos contra la libertad, integridad y formación sexuales, cuando la víctima es un menor de edad”. La Corte Constitucional declaró que “son notorios los peligros y afectaciones que ella supone tanto para los individuos penalmente sancionados como para los miembros de sus familias, y aún para las posibles víctimas y sus allegados” y por eso no se pudo proceder. En este caso la Corte se descachó, porque el tema de los derechos tiene sus límites y cuando se trata de una persona que claramente puede representar un peligro para la comunidad y los niños en ella, todos tenemos el derecho de saber quién es y cómo es. En algunos países toda persona puede acceder a una app para conocer si en la zona en la que se encuentra vive un acusado por depredación, violación o pornografía infantil; el Departamento de Justicia de Estados Unidos tiene una página web que se llama National Sex Offender Website que es básicamente un muro de la infamia a lo Gilma Jiménez. La verdad, no entiendo por qué aquí los protegemos.En Bogotá hace unos años un reconocido cirujano plástico fue acusado de violar a sus dos hijitas gemelas, le dieron casa por cárcel. ¿Sus vecinos sabrían lo que tenían al lado? En Cartagena un reconocido “hombre de familia” fue acusado de abusar de su nieto, ¿saben que en los medios callaron? Claramente son excesos de derechos o simple complicidad y uno dice, ¿hasta cuándo?Sigue en Twitter @CarlinaToledoP

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