¿Hasta cuándo infieles?

Junio 20, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Adentrarse en el mundo de las víctimas del conflicto armado en Colombia es una decisión. Es algo así como eso de ser infiel o no serlo. O lo uno, o lo otro, pero el término medio no existe. En el caso de las víctimas, o nos permitimos ser sensibles a lo que les sucede, o hacemos de cuenta que nada pasa. No hay tonalidades de gris.Ha sido valioso el trabajo en ese sentido realizado por la Revista Semana con su especial sobre víctimas y el posterior foro realizado en Bogotá. Visibilizó la magnitud y la complejidad del dilema y lo aterrizó en nuestras casas. Son más de 5,5 millones de víctimas en Colombia y si queremos seguir siendo insensibles a ellos, indiscutiblemente estamos siendo infieles a la esencia misma de lo que nos hace seres humanos.¿Será que nos queremos permitir conocer las pesadillas vividas por niños, niñas, madres, padres y grupos familiares enteros? ¿Será que somos tan humanos para compadecernos de las cicatrices en el alma que les han quedado y contribuir en lo que esté a nuestro alcance para salgan adelante en un medio que les sigue siendo adverso y hasta tóxico? ¿Estaremos todos listos a hablar las verdades de lo que vimos, permitimos o cohonestamos?Cuando veo lo que sucede a nuestro alrededor, oigo lo que dicen muchos al respecto, y leo lo que algunos escriben, pienso que todavía nos falta mucho por evolucionar.Aunque ya en Colombia el número de víctimas es sobrecogedor (y seguimos contando), todavía hay quienes viven con el corazón cargado de tigre pensando que es a través de balas, hachazos, motosierras y muertes que vamos a darle solución a este conflicto. Pues no, y en ese sentido son las mismas víctimas quienes nos están dando lecciones al respecto. “Mientras que la gran mayoría de las víctimas de las Farc están dispuestas a perdonar las atrocidades y horrores de ese grupo guerrillero, el resto de la sociedad colombiana que no ha padecido directamente la violencia sin cuartel de Timochenko y sus camaradas se opone rotundamente a cualquier tipo de concesiones jurídicas, e incluso a la reinserción social y, con algo más de razón a la participación en política de los miembros de la insurgencia que eventualmente abandone las armas”. Agregaría a esto que escribió el abogado Abelardo de la Espriella el domingo en El Heraldo que también nos están dando lecciones de vida las víctimas de paramilitares y otros grupos al margen de la ley.Después de leer los testimonios en Semana, la pregunta inevitable para cualquiera es ¿cómo en el fuero interno de una persona que ha vivido los vejámenes que conocemos puede existir la inmensa capacidad de perdón que vemos en muchas de las víctimas? ¿De dónde sale eso tan grande y tan aleccionador? ¿Cómo pueden quedar con deseos de construir sobre un pasado trágico y unas heridas y cicatrices de cuerpo y alma que los acompañarán de por vida? La respuesta que cabe es en últimas, que esa es la esencia misma del ser humano y ellos son fieles a eso.Lo que es más difícil de comprender es que en el fuero interno de otras personas exista todavía el pensamiento tóxico contrario, porque construir país es un privilegio y se hace a partir de una decisión positiva. James Garbarino, un experto en el estudio de la recuperación de niños sujetos a medios violentos, dice que “exige un compromiso el dejar de juzgar y comenzar a aceptar”. Compromiso, decisión, fidelidad. Somos muchos quienes estamos más que listos.

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