Generaciones que cojean

Julio 20, 2017 - 11:40 p.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Mi papá ha insistido toda la vida que los seres humanos necesitamos tres pilares sobre los cuales construirnos. Son ellos: la familia, creer en un ser supremo (lo cual equivale a tener espiritualidad) y tener sentido de patria. Ese mantra sin duda fue interiorizado por exceso de repeticiones, y también porque con el paso de los años uno sí se da cuenta que al faltar uno de esos tres pilares, nos paseamos por la vida cojeando.

En Colombia el sentido de patria lo hemos perdido y sobre todo en las generaciones que hoy llamamos millenials y centennials. Y aclaremos de una vez una cosa, llorar cuando uno oye el himno nacional no es sentido de patria, se trata más de tener clara la identidad de lo que somos como colombianos, lo que eso representa frente al mundo y que sintamos tanto, tanto por este país que estemos dispuestos a movilizarnos para contribuir a proyectarlo al futuro y generar desarrollo en él.

Difícil lograr eso cuando ya ni quisiera sabemos lo que somos ni de dónde venimos. Ese gravísimo problema lo podemos atribuir al Ministerio de Educación, el cual en la década de los 90 resolvió acabar con la cátedra de Historia en todos los colegios y convertirla en una masa amorfa de materias entre las cuales están también la Geografía, Economía, Política, Antropología, Sociología y Cultura. Evidentemente así es muy difícil crear mensajes que verdaderamente enganchen a los estudiantes y los muevan a leer, investigar, aprender y en últimas saber qué es cada cosa.

En el proceso anterior Colombia perdió y mucho. Quienes viajamos por el país con nuestros hijos lo vemos. Difícil que sepan dónde estamos parados, “hoy no saben si Nariño es un prócer, un expresidente, un departamento o un frente guerrillero” (Semana, 2012). De ese tamaño es.

En el mismo artículo dice que “esa falta de culto por la Historia puede ser una de las razones por las cuales Colombia es uno de los países con un menor nivel de patriotismo en el mundo”. Agrega que “otro elemento que produce el conocimiento de la historia es la conciencia de las fronteras”.

El pasado 3 de julio -Día de la Independencia de nuestra patria chica, Santiago de Cali- en la Hacienda Cañasgordas, el Concejo rindió homenaje a unas personas que han contribuido al desarrollo de Cali y a la construcción de su identidad cultural. El lugar era el más apropiado para apelar a esa urgente necesidad que tenemos de encontrarnos y pellizcarnos para darnos cuenta que no podemos seguir así, de espaldas a nuestra ciudad, a lo que la hizo ser lo que es y lo que eso significa en el contexto del país y del mundo.

Rodrigo Guerrero dijo que “la perspectiva histórica enriquece el ejercicio de la política porque pone los hechos en perspectiva y al gobernante en su justa dimensión”. La perspectiva histórica sin duda podría servirnos a los gobernados para ser un poco más selectos y exigentes en la escogencia de nuestros líderes.

Por otra parte, Yolanda Constaín nos puso a pensar con una belleza de escrito de Óscar Gerardo Ramos. “Si el palito no fuese de guadua, no sería maceta; si el mazo no fuese de maguey, no sería maceta; si el alfeñique no fuese de figurines, no sería maceta; si no ocurriera en San Pedro y San Pablo, no sería maceta; y si no fuese en Cali, con ancestro en la Colina de San Antonio, no sería maceta”. ¿En su casa todos saben qué es una maceta y de dónde proviene? De pronto es hora de salir a recorrer, conocer y vivir nuestra Cali para saber dónde estamos parados.

Sigue en Twitter @CarlinaToledoP

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