Energía para Martyn

Junio 05, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Supe que Martyn está triste. Hace poco escribió en su muro de Facebook que quiere cerrar el pub que abrió en Cali hace 32 años. Al parecer eso que le ha dado para vivir todo este tiempo, ya no da y aunque para él es más un lugar para compartir el amor por la buena música y demostrar su afecto a los demás, Martyn también tiene que hacer mercado, echarle gasolina a su carro y viajar al otro lado del Atlántico ocasionalmente a darle vuelta a su familia. Él en realidad arribó a Cali para enseñarnos historia y geografía. Venía de dar clases en un reformatorio, “por eso era un rudo, de corazón suave como una melcocha”, afirma Ana Fernanda Arroyo. Es galés, como Sean Connery y habla de su lugar de origen con orgullo. Estábamos en lo que era tercero bachillerato (hoy en día noveno) y teníamos entre 14 y 15 años. Entró al salón de clase alto, flaco e irreverente, en un colegio en extremo conservador. A esa edad y en ese contexto, hicimos click de inmediato con él y comenzamos una travesía de la vida.El proceso de aprendizaje con Martyn fue toda una experiencia. Recordamos el dinamismo que él infundía a cada clase y la pasión con la que hablaba del Mariscal Petain, Hitler y las grandes guerras mundiales. Según Sabine Senz, “lo importante no era saberse la historia o la geografía de memoria, sino entender los hechos por los cuales se producían los eventos”. Agrega que “en geografía aplicó un método fantástico, cada que estudiábamos un país, hacíamos el taller de la comida originaria”. Ana María Sardi agrega que “En mi vida y en la de mis hijos, no he conocido un profesor igual, hay que ver cómo se dedicaba a enseñar y la manera tan increíble como lograba nuestra atención”. Pues entre guerras y mariscales, espaghettis y quiches, Martyn se ganó no solo nuestra atención y confianza, sino nuestro afecto. Ese afecto y confianza se trasladó a Martyn’s, el pub de sus sueños, desde el día que lo abrió. Allí fuimos a dar y se convirtió en sitio de reunión de todos. Indudablemente en la comunidad académica del colegio causó revuelo que un profesor tuviera un bar en el cual se congregaban sus estudiantes. Mister Cushnan, el rector de ese entonces “era muy en contra de la idea y nos prohibió a sus hijos ir... pero a mi Papá la orden no le funcionó”, dice Catherine Cushnan. Curiosamente muchos padres dejaban ir allí a sus hijos porque sentían que Martyn se los cuidaría, y damos testimonio que así era.En Martyn’s, Gabriela Ascione celebró sus 17 años y él le hizo unas picadas para compartir. En Martyn’s otros se declararon amores eternos que en ocasiones solo duraban días. En Martyn’s aprendimos a escuchar música de la buena: Pink Floyd, Led Zeppelin, Queen, Beatles, Rolling Stones y también aprendimos a disfrutar la esencia de un pub, donde más que ir a beber, se trata del reencuentro con la gente. Era como estar en casa y por eso todos volvemos, a darle vuelta al amigo, a brindar por la vida y a sentirnos como en casa.Evidentemente entendemos que si Martyn’s cierra, es por razones ajenas a la voluntad de John Martyn Smith. Esperamos de todo corazón que eso no suceda porque el pub es para cientos de personas un símbolo y el dueño, quien se enamoró profundamente de Cali y su gente, es un verdadero amigo. Desde esta columna y en nombre de la Clase de 1986 del Colegio Colombo Británico envío a Martyn nuestro amor, nuestra admiración y nuestro más profundo agradecimiento por su amistad, su generosidad y sus lecciones de vida.

VER COMENTARIOS
Columnistas