En un mundo de viejos

En un mundo de viejos

Abril 10, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Ser capaces de admitir y aceptar el paso natural de los años es para algunos un tema bien complejo. Hacia los cuarenta ataca la presbicia, las canas se vuelven más difíciles de ocultar y el reblandecimiento de la masa muscular es un hecho. En el caso de los hombres cercanos a los cincuenta, la barriga crece como también las orejas y las narices las cuales con sus pelos intrusos, requieren de mantenimiento general regularmente. Hacia los sesenta comienzan las enfermedades y con ellas cierto tipo de limitaciones físicas y de alimentación. De tal manera, la historia de nuestro envejecimiento es la historia de las partes de nuestro cuerpo.Uno de nuestros grandes problemas en todo este proceso es que se nos va muchas veces la vida en tratar de arreglar lo que ya no es modificable. Envejecer y sufrir achaques y enfermedades es lo normal y lo natural. Aceptarlo pareciera no serlo, y en ese orden de ideas queremos (y preferimos) los médicos que nos garantizan que nos van a arreglar los problemas y nos dan la receta de una supuesta juventud eterna. Sin embargo el envejecimiento no es modificable.El médico indio Atul Gawande en su libro Being Mortal: Medicine and What matters in the end (Ser mortales: medicina y lo que en últimas importa) empieza diciendo “aprendí muchas cosas en la escuela de medicina, pero la mortalidad no fue una de ellas”. El documento aborda el proceso de envejecimiento y visibiliza el hecho de que la medicina está concebida como una ciencia para salvar vidas y no para atender a su fin. Es interesante la manera como Gawande habla con gran pesar acerca de la ausencia de especialistas en geriatría en un mundo en el cual habrá cada vez más viejos gracias a los avances de la medicina. De hecho en Colombia se estima que para el año 2050 dos de cada diez colombianos tendrá más de 65 años. Se dice que la tendencia en los países más desarrollados será bastante más dramática porque llegarán al punto en que habrá más ancianos que niños y en el mundo se sabe que el grupo de mayor crecimiento es el de los mayores de 85 años, de los cuales la mayoría son mujeres. Esto genera evidentemente una serie de necesidades para los países y pareciéramos no estar dispuestos como sociedad a aceptarlo.Seguridad social es desde luego un costo, la infraestructura que se requiere para su movilización puede llegar a ser otra, sitios especializados para su vivienda y esparcimiento, medicamentos y sobre todo, las personas especializadas en el cuidado particular de personas mayores. Gawande habla en su libro sobre la manera como un amigo geriatra con el simple cambio en los medicamentos de una mujer de unos 80 años, eliminó el riesgo que tenía ella de caerse por los mareos que eran uno de los efectos colaterales. Con solo hablar con ella sobre su vida también se dio cuenta que estaba a punto de caer en una depresión y le recomendó empezar a almorzar con frecuencia con amistades o familiares. La calidad de vida de la señora indiscutiblemente mejoró. Cuidar de los adultos mayores pudiera no ser sexy para algunos de quienes quieren estudiar medicina, pero sin lugar a dudas es un segmento en el cual hay unas oportunidades de trabajo inmensas en el futuro más inmediato. Si a eso se le suma el factor humano de la medicina, podríamos decir que quienes opten por ello tienen una verdadera visión de 360 grados de la medicina. Se trata de generar calidad de vida, no una vida porque sí…

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