En abierta contravía

En abierta contravía

Marzo 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

El miércoles el senador conservador Eduardo Enríquez Maya, sugirió que su colectividad debía apoyar como candidato a la Alcaldía de Bogotá a Enrique Peñalosa del Partido Verde. El día anterior Álvaro Uribe Vélez había invitado a la U a apoyar a Peñalosa y es tristemente inevitable deducir que lo primero es consecuencia de lo segundo, porque el Partido Conservador perdió por completo su identidad y su rumbo.¿Por qué no puede este centenario Partido sacudirse de la influencia del ex Presidente e irse orgullosamente de frente con un candidato propio? ¿Será una tendencia que se va a dar a nivel nacional?Hace dos semanas en el Foro Ideológico del Partido Conservador en Villa de Leyva surgió con fuerza el nombre de Paulo Laserna -ex presidente de Caracol- como posible candidato a la primera magistratura de Bogotá. Con anterioridad se barajaban como alternativas perfectamente viables los nombres de Marta Lucía Ramírez, Mauricio Cárdenas, Juan Gabriel Uribe y Guillermo Fernández de Soto. ¿Ahora resulta que el señor Enríquez considera que ninguno de ellos reúne las cualidades para enfrentarse a Peñalosa, David Luna y Carlos Fernando Galán? Insólito.Dice un usuario de Twitter que “los verdes crecieron a punta de Twitter y 9 tweets de Uribe están que los acaba”. Cosa parecida sucedió con el Partido Conservador, sólo que fue cuestión de ocho años y con el agravante de haber contado con un sostenido y comprometido esfuerzo de autoaniquilamiento por parte de un gran porcentaje de sus miembros. Evidentemente no comprenden la importancia del Partido como tal; lo fundamental que es ajustarse a las tendencias mundiales de modernización de ciertos conceptos, y la coherencia entre principios y actos.Fue nefasto el haberse plegado al uribismo gracias al afán burocrático, porque además de transmitir el mensaje de que el fin justifica los medios a los colombianos y copartidarios, el Partido dejó de poner en práctica el ejercicio democrático de cuestionar, proponer y consolidar verdaderos liderazgos. Sin embargo, puede ser todavía peor en términos de imagen que, por no generar roncha, no esté planteada una posición oficial contundente sobre los cuestionamientos éticos de congresistas, ex ministros, y otros funcionarios miembros de la colectividad. Válido es que para pronunciarse en contra de una persona debe existir un veredicto judicial, pero de ahí a que, por ejemplo, alguien como Andrés Felipe Arias haya sido uno de los oradores centrales en Villa de Leyva, hay mucho trecho. Fue un muy mal mensaje y un pésimo ejemplo. Finalmente en ese momento Arias ya tenía una serie de procesos en su contra y un dudoso proceder ético que fue confirmado días después cuando la Contraloría embargó sus cuentas y bienes por celebración indebida de contratos. Cosa insólita es que éste sea el mismo partido, laxo en su ética, que trate de posicionarse como adalid de la moral al condenar el matrimonio de dos seres humanos del mismo sexo, o el que mujeres que tengan en riesgo su vida no tengan el derecho de abortar por tres razones ya validadas por la Corte Constitucional. Cómo es de fácil salir a pontificar y cómo es de difícil asumir posiciones autocríticas.Me resigno a pensar que la solución para quienes pensamos que los procedimientos y posiciones del Partido Conservador van en contravía de lo que esperamos de él sea simplemente sentarnos a esperar, porque ya en lo que se ha convertido es una verdadera vergüenza.

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