El “porque ajᔠque nos carcome

Mayo 23, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

La tragedia ocurrida en Fundación (Magdalena) es un reflejo de la mentalidad de cacos que permea este país hasta en los rincones más recónditos. Tristemente el “porque Ajᔠ-respuesta evasiva e indiferente con la cual los costeños contestan a cualquier cuestionamiento de su proceder- es un mal que carcome a la Costa Atlántica, pero también tiene a cientos de poblaciones colombianas sufriendo y sumidas en la miseria, ante la mirada impasible de autoridades y la misma ciudadanía. Ahora otra cadena de irregularidades e ilegalidades que van de principio a fin resultó en la muerte de niños. Francamente el número de fallecidos no es lo relevante, simplemente es algo que no ha debido sucederle a ninguno de esos pequeños. La conclusión es que fueron víctimas de un sistema que ya tenemos enquistado y en el cual además los niños, su protección y sus derechos continúan siendo tema de último renglón. Con un dolor profundo en el alma creo que también debo cuestionar a los progenitores de esos pequeños. Claramente ningún padre o madre quiere que algo así le suceda a sus hijos, y deben estar desgarrados ante un hecho que difícilmente superarán, pero es que parte de nuestra responsabilidad al procrearlos es protegerlos, es velar por su seguridad, es cuestionar a quiénes se los estamos entregando y asegurar que en sus manos estarán tan bien o mejor que en las nuestras. Y aquí fallaron, pero nuevamente, porque ese es el sistema en el que viven, al cual están acostumbrados, al cual ante cualquier cuestionamiento se responde con un “porque ajá”. El sistema aquel funciona, hasta que ocurre una tragedia como esta que pone a todos a reflexionar por un tiempo, pero sabemos que ese sistema seguirá funcionando así.En el trasfondo de este dolor colectivo, hay varias preguntas que van un poco más allá de lo que se debate en los medios y cuya escasa profundidad refleja la pobreza mental y la fragilidad del sistema. La primera es por qué la ira colectiva se centra en el chofer y el dueño del vehículo, quienes evidentemente tienen una gran responsabilidad, pero son tan solo un eslabón de la cadena de cacos. ¿Y la Iglesia Pentescostal qué? ¿Acaso es que no sabían del tiesto en el cual se movilizaban los niños? ¿Y las autoridades municipales de Fundación qué? ¿Quién en su sano juicio deja movilizar una chatarra de esas por sus calles (y no es que sean muchas calles)? ¿Y el Icbf local qué? ¡Le cabe la misma responsabilidad que a las autoridades municipales! ¿Y la misma población, qué? Cómo es que no exigen calidad en los vehículos que se encargan de su movilidad. La respuesta: “Porque Ajá”. Hay que buscar un culpable en el final de la cadena y no escarbar demasiado para atrás porque todos caemos. La verdad es que en momentos como estos, cuando uno siente dagas en el corazón por los niños de Fundación, por Valentina la niña asesinada en Pereira, y por todos los niños en estado de indefensión, es que uno añora la presencia combativa de Gilma Jiménez quien nos hacía ver la importancia de tejer un manto de protección alrededor de nuestros niños para garantizar sus derechos y su bienestar. Uno también se pregunta si algún día lograremos que cada colombiano sea consciente de la necesidad de superar la mentalidad de cacos y obrar acorde con la ley y de manera correcta, porque francamente estos dolores en el alma nos van acabando y más cuando es evidente que por aceptar el sistema como tal, todos somos culpables.

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