El deber de atajar a la nueva mafia

El deber de atajar a la nueva mafia

Enero 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Siempre he pensado que uno de los grandes problemas que tiene que resolver este país es el de la tolerancia a la cultura de la ilegalidad y a todo lo que huela a desvíos, atajos, trampas y tumbadas. No está entre nuestros principios la censura social y por eso en cualquier evento público a la mayoría de las personas se le puede sentar al lado una senadora torcida, un comprobado parapolítico, un traficante reconocido, un ladrón de cuello blanco, un contratista vagabundo y a nadie, pero nadie se le ocurre protestar o sentar una posición radical al respecto. En ese sentido la denuncia hecha por la secretaria privada del presidente Santos, Cristina Plazas, desde el concierto de Marc Anthony y Carlos Vives en Cartagena me ha parecido valiente y ojalá sea replicada por muchos más, porque finalmente a todos nos afecta que personas como Emilio Tapia esté allá afuera rondando, bailando y derrochando dinero como si no hubiera hecho nada, ni afectado a nadie.¿Pero por qué el caso de Tapia ha causado tanta indignación en redes sociales? Este es el hombre que presuntamente dirigió todo el carrusel de la contratación en tiempos de Samuel Moreno y hoy está negociando con la Fiscalía una rebaja de penas por las acusaciones de concierto para delinquir, falsedad en documento privado, interés indebido de contratos y peculado por apropiación. Si llega a un acuerdo, la pena de 20 años de cárcel podría bajar a 13, y se vería en la obligación de devolver los dineros.Un hombre de ese perfil lo que debía era estar guardadito en su casa o por lo menos manteniendo un bajo perfil. Habrá quienes digan que gracias a su colaboración con la justicia Tapia está en todo su derecho de salir, mostrarse y gastar su dinero en lo que le venga en gana. En ese orden de ideas lo mismo podría aplicarse a quienes hayan ya cumplido su condena, o sido absueltos por la Justicia después de la debidas investigaciones. Válido. Sin embargo quienes consideramos que la vida no es tan sencilla como delinquir, borrar y seguir adelante, también estamos en nuestro derecho de exigir un poco de respeto por nuestros espacios.No obstante el punto aquí va un poco más allá de Tapia o de otros particulares que delinquen o delinquieron. En realidad es más el mensaje que se transmite de que robar, matar, o traficar, paga. Se cumple una condena -o en el caso de Tapia ni eso hasta ahora- se es libre y ahí si a disfrutar de los frutos de los chanchullos o torcidos. En el proceso arrasan con el que sea. En el caso de Tapia, no solo estuvo en el concierto, sino también en la fiesta de fin de año del Hotel Las Américas donde sus escoltas presuntamente intimidaron a todo el que lo mirara mal a él o a su grupo de acompañantes.Es el típico comportamiento de mafioso que tantos estragos causó en las épocas de El Patrón del Mal y ante esto la Fiscalía sí debiera tomar cartas en el asunto porque una cosa es que en el proceso de negociación se la haya concedido el beneficio de la libertad, y otra es que esa libertad sea absoluta e irrestricta. Una cosa es que aporte información, y otra es que ya los medios digan que es el testigo consentido de la Fiscalía.De manera que cero tolerancia a la ilegalidad. Bienvenida la censura social, bienvenida la presión a las instancias judiciales y bienvenido sea que le cerremos a este tipo de personajes los espacios sociales.

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