Desarrollo sin desvíos

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Cierta incomodidad generó en la Directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar...

Desarrollo sin desvíos

Marzo 18, 2011 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Cierta incomodidad generó en la Directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) unas opiniones recientes acerca del organismo. Como ella misma las califica de inexactitudes, es menester aportar algunas precisiones.En primer lugar, nadie cuestiona que al hacer corresponsable al empresariado en el cuidado y protección de la familia -y, sobre todo, de los niños- a través de aportes parafiscales, la institución es un modelo a nivel internacional. Sin embargo, contrario a lo que la Directora presenta como una “garantía de modelo corporativo”, el hecho de contar en el Consejo Directivo con la presencia de los presidentes de Fenalco y la Andi no ha comprometido al sector empresarial como tal. El desconocimiento de los informes de gestión es generalizado y en ese sentido los citados presidentes son meras figuras decorativas.Con respecto a la señalada politización de la entidad, es importante abordar el proceso de selección de los directores. Sabemos que la función pública apoya su desarrollo verificando requisitos, pero no es el responsable final como aduce la Directora. De los preseleccionados, es el Icbf quien conforma la terna (suelen ser de esas en las que se gana con cara y sello, y generalmente se presentan “las personas cercanas a los políticos regionales”) la cual envían al gobernador de cada departamento y voilá, así escogemos director/a. Según algunas fuentes, el proceso es igual para miles de cargos vacantes.El tema de las 89 mil madres comunitarias que administran los Hogares (HCB) también es complejo, porque según los resultados de una evaluación conjunta de UniAndes, Planeación, Profamilia y el Icbf en 2009, un porcentaje significativo de éstas no provee las condiciones pedagógicas y de salubridad que exige la Ley. Adicionalmente, el mismo Icbf informa que un número importante de las madres son analfabetas, y aunque en la actualidad a través del Sena se está en la loable labor de extraerlas de esa condición, cabe preguntar ¿cómo es posible que nuestros niños estén recibiendo en sus primeros años el cuidado y protección de mujeres que no tienen las competencias idóneas? Se me ocurre que las mantienen por el caudal de votos que representan y el hecho de que “la presión política de los padrinos es muy alta”. Es claro que muchos de quienes laboran en el Icbf tienen las adecuadas competencias y conocimiento, y realizan su labor con un innegable compromiso. No obstante, después de analizar con detenimiento los programas, la conclusión final es que ella se ha convertido sobre todo en administradora de cemento y no en gestionadora del bienestar de los niños. La misma Directora habla del desarrollo de 2.000 jardines de atención integral a la primera infancia en todo el país y creo que valdría la pena una precisión acerca de qué es para ella desarrollo. ¿Es apoyo a la infraestructura o es desarrollo pedagógico?Me reafirmo por lo tanto en lo dicho: celebro la llegada de Sammy Azout al consejo directivo del Icbf porque es un hombre con una visión moderna y ejecutiva, además de un comprobado compromiso con la primera infancia. Por ello es garantía de buen gobierno. También celebro la acción preventiva de la Procuraduría, que evaluará el cumplimiento de las funciones de coordinación y articulación del Sistema Nacional de Bienestar Familiar a nivel nacional. Claramente un organismo que por Ley debe cuidar y proteger a los niños, no admite desvíos.

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