De Nepomuceno a Chinga. ¿Tenemos cura?

Julio 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Según los registros históricos, el primer asesino en serie del cual se tiene información en Colombia fue Nepomuceno Matallana, el Doctor Mata, quien entre 1930 y 1940 mató a 20 personas en Bogotá haciéndose pasar por abogado. Luego vendría Luis Alberto Malagón Suárez, el Sádico del Rincón, quien secuestró y abusó a seis niñas hasta matarlas; en los noventa fue Manuel Octavio Bermúdez, el Monstruo de los Cañaduzales quien asesinó a 34 niños en el Valle del Cauca; Luis Gregorio Ramírez, el Monstruo de Tenerife, mató a 25 mototaxistas en la costa Atlántica. Luis Alfredo Garavito, La Bestia, violó y asesinó a 167 niños en todas la regiones de Colombia; Pedro Alonso López, el Monstruo de los Andes violó y asesinó a más de 300 niños en Colombia, Ecuador y Perú y Daniel Camargo Barbosa, el Sádico del Charquito, violó y mató a más de 157 mujeres, también en los tres países anteriores.Hace pocos días fue capturado en Cali, Chinga Harry de 20 años, quien se inició en el sicariato a los 12 y según dicen, no solo es el responsable de al menos 50 homicidios, sino que es el presunto líder de la organización sicarial Petecuy II. Le dicen El Terror de Floralia.La investigación realizada por la Revista Semana al respecto es contundente: Colombia se ha convertido en un nido de asesinos en serie. “Nadie nace criminal”, según afirmó Carlos Valdés, director de Medicina Legal, “es la sociedad con su dinámica la que afecta a su propia gente a tal grado que produce este tipo de personas con grandes desviaciones en el comportamiento”. Concluyen que el fenómeno tiene relación directa con la violencia intrafamiliar y el maltrato infantil.La gran pregunta es, ¿esas autopistas neuronales averiadas que tienen los niños abusados, maltratados, sin afecto, son reparables? En 2014 en Colombia se registraron 10.402 casos de violencia contra niños, la mayoría de ellos en su núcleo familiar más cercano. ¿Se podrá revertir el efecto y tener la esperanza de un futuro no solo en paz, sino sin violencia?La buena noticia, es que sí, porque el cerebro es como una esponja y si la interacción con el ambiente es positiva, el modelo de comportamiento lo será también; y viceversa.Hay quienes dicen que no existe un manual para ser padres. Sin embargo, sí puede construirse parte del sentido común y tiene efectos casi que inmediatos en el entorno familiar. Sobre la base de una serie de conceptos –algunos modelos manejan 9, otros 10 y algo más- en muchos países se han estructurado talleres de Buena Crianza que se imparten sobre todo, en las zonas más vulnerables de las ciudades. Esos talleres deben todos comenzar con informar sobre los efectos nocivos que el maltrato tiene en el cerebro de los niños y cómo eso puede terminar en la creación de más monstruos que destruyen la sociedad. Tienen un componente vital que es enseñar autocontrol para evitar conductas agresivas; se conduce a un modelo de consensos familiares en el cual hay reglas, límites y participación en responsabilidades y deberes; el diálogo y la participación; resolución de conflictos y educación en la sexualidad, entre otros. Como decía, el efecto es casi que inmediato y de ser consistente, es de largo plazo.Pienso que este es nuestro compromiso actual como ciudadanos, como empresarios, como seres humanos que queremos crear una nueva Colombia. Va a requerir, en primer lugar, el convencimiento de que este es el camino, va a requerir inversión y también mucha dedicación. Debemos hacerlo, no tenemos opción.

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