Congreso 101

Congreso 101

Febrero 01, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

El panorama político del Valle que expuso este diario el pasado 13 de enero es no sólo en extremo preocupante sino bastante deprimente, porque con contadas excepciones al parecer tendremos a los mismos haciendo más de lo mismo en el Congreso a partir de 2014, y eso no es bueno.Frente a la triste radiografía, la inquietud que surge es ¿y dónde se ha metido la gente joven, valiosa, con un alto sentido de la ética y con el deseo de trabajar en lo público? Claramente tienen que existir y el deber de los medios de comunicación y de quienes participamos de una u otra manera en ellos es comenzar a visibilizarlos con el fin de que se hagan conocer, que puedan ventilar sus ideas y propuestas y que se empiece a generar opinión alrededor de ellos.Considero que el primer problema y el que debemos solucionar ipso facto, es que no hemos logrado ni en los gremios, ni desde el sector empresarial, ni desde el mismo sector de opinión, comprender la verdadera importancia de lo que está en juego en las elecciones para escoger los miembros de Cámara y Senado que nos representarán durante 4 años. Hay un desconocimiento generalizado acerca de lo que se hace allí y del potencial tan grande que se tiene para gestionar en esos recintos en favor del Departamento. A raíz de eso nos relajamos y permitimos que quienes sí conocen al dedillo el sistema y además saben cómo sacarle el mayor provecho personal, sean los que terminan hasta presidiendo el ente como si fuesen un dechado de virtudes.Jóvenes hay y a ellos debemos abrirles espacio. Entre el nutrido grupo que conozco hay hombres y mujeres que simpatizan con uno u otro partido político, pero quienes evidentemente, habiendo visto y vivido durante años la prostitución de la política local, no comulgan con esa forma de hacerla que se nos enquistó. Son jóvenes comprometidos con la región y con Colombia, y que ven en el servicio público una manera de desarrollar esas ansias viscerales de gestionar por el bien común. Tienen también unas ventajas que los ponen por encima de muchos cuyas carreras políticas nacen muertas o mueren tempranamente, y es que además de brillantes y carismáticos, tienen amplia aceptación en todos los sectores sociales, lo cual otorga la oportunidad de superar el fraccionamiento entre ricos y pobres, negros y blancos, Oriente y Occidente que todavía padecemos en Cali y el Valle.¿Cuál es el problema de esa nueva generación de posibles políticos? Pues que se sienten solos y lo más grave es que lo están. Hablan -con todo el derecho- de una disyuntiva muy seria entre la razón y la pasión. Quieren poner al servicio de la comunidad todas sus ganas y conocimiento, pero eso vale. Ellos también quieren establecerse y tener una familia y saben perfectamente que se vive de una manera digna con un salario de congresista, pero no quieren tener que invertir en llegar a ese cargo hasta el último peso de sus ahorros. Quienes pudieran aportar recursos (léase entre otros, empresarios) los empujan, les dan palmaditas en la espalda, los llenan de valor y a la hora de la verdad, no ponen sino chichiguas o juegan doble, como es tradición en el Valle. Desde el sector privado no podemos seguir pensando que el buen gobierno y eso que llaman ‘lo público’ no es con nosotros, porque lo es todo. Es hora de hablar el mismo idioma, de establecer juntos la Visión de esta empresa que es nuestro Valle, de meternos la mano al dril y apostarle con toda a esos nuevos talentos que son con quienes sí habrá futuro.

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