Con cara se pierde, con sello también

Con cara se pierde, con sello también

Octubre 14, 2016 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Cuenta el escritor e historiador Paul Johnson que durante los años de sus estudios superiores en la Universidad de Oxford se quedó sin aprender de la historia de Estados Unidos porque en el mundito académico europeo esta era una región ignorada. Con el paso de los años se dedicó a estudiar e investigar y de ese tiempo resultó A History of the American People, un fascinante libro que hace un recuento de la historia de ese país desde sus inicios, hasta la era moderna.Al ser Johnson un pensador conservador, evidentemente destaca los cimientos religiosos sobre los cuales se basó y creció EE.UU., gracias a la llegada de los pilgrims ingleses a esas tierras. Los patriarcas de esas centenares de familias emigrantes consideraron que era necesario salir de Inglaterra porque esta se había convertido en un país inmoral y poco religioso y querían fundar una nueva sociedad en la cual la fuerza civilizadora de la religión fuese el motor. Según Johnson, Estados Unidos “fue el resultado del trabajo de los mejores y los más brillantes del continente europeo”. En últimas y lo que es irrebatible, es que el resultado de la peregrinación inglesa fue una sociedad admirable, con un marcado sentido de la moral, de la justicia, generosa, valiente y de fuertes lazos comunitarios.Claramente, en la historia de EE.UU. han existido presidentes que marcaron diferencias, que dejaron huella y cuyo legado es motivo de orgullo porque representaron a su gente y unieron al país en torno a políticas con un propósito. La gestión de Barack Obama dará para muchos análisis posteriores, pero lo que seguramente no será motivo de mucha discusión es su calidad humana, así como la de su familia y cómo ellos durante ocho años representaron la esencia de lo que conocemos como el verdadero estadounidense, producto de esa sociedad de peregrinos.Razón por la cual produce una profunda tristeza el panorama actual de cara a las elecciones del 8 de noviembre, porque entre los dos candidatos que se disputan el cargo no hay uno con principios ni moral, adolecen de los más básicos principios de la ética y como familias, poco tienen de ejemplares. La realidad es que uno percibe que el único propósito detrás de sus políticas parecieran ser ellos y sus intereses particulares. Por un lado está la vergüenza de un candidato que desde que lo conocemos ha tenido por único Dios el dinero, y claro, él mismo. De ahí que piense que puede hacer y decir lo que le da la gana sin que sufra las más mínimas consecuencias por la heridas causadas, las vulgaridades emitidas, los riesgos en los que pone al país y el maltrato sicológico del cual son víctimas mujeres, inmigrantes, niños y en general todo quien no sea rico y mono ojiazul como él. Por otra parte está una mujer -y cómo hubiera sido de grande tener a una buena mujer como la primera Presidenta de EE.UU.- quien desde los inicios de su carrera tiene cuestionamientos también por maltratos a empleados, mentiras y posteriormente por malversación de fondos, encubrimientos y escándalos por malos manejos de información y recursos. Y qué decir de los devaneos sexuales de su Bill, ante los cuales ella convenientemente ha mirado hacia otro lado y seguro no será por puro e incondicional amor de esposa abnegada, sino por el más vil sentido de la ambición y el poder que juntos pueden lograr.Triste panorama este, porque si de presidente idóneo se trata para una gran potencia, en esta ronda EE.UU y su gente con cara pierden y con sello también.Sigue en Twitter @CarlinaToledoP

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