Caritas felices

Caritas felices

Diciembre 18, 2015 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

En Colombia cuando pensamos en niños que mueren de hambre, pensamos en niños de piel oscura y templada por el sol, de rasgos indígenas fuertes, que andan desnudos entre mantas guajiras y chivos que también escarban la arena en busca de cualquier cosa que los nutra. Es evidente que así sea porque finalmente son 5 mil los niños de la tribu wayú de la Guajira quienes han muerto. Sin embargo, no son los únicos, en Colombia al día pueden llegar a morir tres niños de hambre.Hace un par de años unos de mis hijos tuvo que hacer una investigación sobre el hambre. En el proceso de recolección de información encontró una descripción que fue quizá lo que más lo conmovió: “La muerte por hambre es lenta por el proceso paulatino de deterioro de los órganos del cuerpo. Al no encontrar los seis nutrientes esenciales (fibra, minerales, vitamina, grasa, proteína y carbohidratos) para su adecuado funcionamiento, no sólo se afecta el crecimiento del ser humano, sino que el sistema comienza a colapsar. El cuerpo extrae energía oxidando la grasa, desintegra la proteína de los músculos y poco a poco se destruye el corazón, el bazo, los riñones y otros órganos vitales. Por el exceso anormal de fluidos, el vientre se hincha, la piel se seca, el pelo se cae y los huesos pierden fuerzas. Los intestinos se atrofian y los sentidos fallan. El cuerpo finalmente se da por vencido y la muerte ocurre por la falla de alguno de los órganos”.Siempre me he preguntado ¿qué sentirán los políticos, funcionarios del Icbf corruptos y operadores cuando se embolsillan o desvían el dinero que está destinado a alimentar a los niños y niñas de este país? ¿Podrán mirar a sus hijos a los ojos mientras ellos disfrutan de un vaso de leche o un pedazo de carne? O, ¿serán en realidad tan insensibles y cínicos que eso ni se les cruce por la mente? Además es que las actuaciones delictivas en las que incurren quienes hacen parte de esas nefastas alianzas son hasta de no creerlo: niños fantasma, ración de alimentos insuficiente, servicios deficientes e interrumpidos, es casi lo mismo que cogerlos y torturarlos poco a poco hasta producirles la muerte. De manera que con razón la Directora del ICBF ha emprendido una cruzada en contra de todo lo que huela a feo en el desarrollo de las actividades en favor de los niños. Han rodado cabezas y se ha confrontado a la clase política en la Guajira, Bolívar, Nariño, Antioquia, Chocó y Putumayo. Ojalá continúe, y la dejen, porque esa es una institución que necesitaba una profunda limpieza interna y una despolitización absoluta.Sin embargo, los niños van a seguir muriendo en Colombia y lo que tiene que detenerse es esta manía de culpar al ICBF cada que eso sucede. Van a seguir muriendo por cuestiones culturales, por falta de educación y por un acceso deficiente a servicios de salud y todo eso es responsabilidad de otras instituciones que claramente no están asumiendo su cuota de responsabilidad. Es importante recordar que la misión del Icbf es “trabajar con calidad y transparencia por el desarrollo y la protección integral de la primera infancia, la niñez, la adolescencia y el bienestar de las familias colombianas”, no es su misión ni educar, ni proveer servicios de salud.No la tiene fácil Cristina Plazas en este proceso de limpieza, pero si lo logra, habrá dejado para Colombia una gestión fundamental que nos dejará ver las caritas felices de niños cuyos derechos se han protegido y no las de una parranda de corruptos cuyos bolsillos se han llenado.

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