Bajo mis sábanas, ¡No!

Bajo mis sábanas, ¡No!

Abril 26, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Asunto delicado el que manejamos en el Valle del Cauca ahora que nos enteramos que un Pastor que recibió el llamado de Dios y un Senador que se cree ungido por el mismo, son quienes están detrás de aquello que llaman ‘la cosa política’ de la región. La gran pregunta que nos queda ahora es, ¿hasta dónde llegarán las consecuencias de esto? Roy Barreras y José Luis Arcila durante sus campañas a Senado y Cámara firmaron un pacto con el Comité Político de la Misión de Paz a las Naciones, cuya cabeza visible es el pastor John Milton Rodríguez. El compromiso, tiene como espíritu “ejecutar proyectos para el bien de nuestra sociedad”, fundamentalmente busca que no prosperen cambios en las leyes que a futuro pudiesen permitir “el matrimonio entre personas del mismo sexo, ni la adopción de niños por parte de estas parejas. Ni apoyo a la unidosis personal de drogas y ley de aborto (sic)”, además de promover el desarrollo de un ministerio o viceministerio de la familia. Los congresistas en cuestión, al ser elegidos, debieran también incluir -según el pacto- por los menos dos miembros de la Misión en sus Unidades de Trabajo Legislativo (UTL), y apoyar candidatos de esa misma congregación al Concejo de Cali y la Asamblea Departamental. A cambio de todo esto, Barreras y Arcila tendrían el apoyo (representado en votos) de miles de feligreses de la Misión. Claramente este tipo de acuerdos en la política son comunes y nadie es tan inocente de pensar que un congresista es elegido sin amarres de una u otra índole. Aunque eso pasa aquí y en Cafarnaúm, no quiere decir que sea lo ideal, porque evidentemente no llegan a ejercer sus cargos libres de presión. De hecho ya sabemos que Roy Barreras votó el miércoles en contra del proyecto que permitiría el matrimonio entre homosexuales, de manera que va cumpliendo al menos esa parte del pacto. En ese documento, que para mi tiene un tufillo de ilegalidad, hubo también engaño. Barreras y Arcila a sus electores, quienes no sabían que al depositar su voto por ellos estaban haciéndolo también por una agenda oculta, y el Pastor a su rebaño por pensar que sus votos eran endosables. Sin embargo lo que a todas luces genera preocupación por el futuro del Departamento -y por qué no, del mismo país- es ver cómo esa separación entre Iglesia y Estado que comenzó en 1853 y se confirmó en 1991, poco a poco se esfuma y nos encontramos implosionando desde un modelo de Estado laico hacia uno de Estado teocrático donde “como Dios manda” se convierte en ley. La Misión de Paz tiene a su senador ejerciendo acorde con el compromiso; su influencia en Cali y Yumbo es amplia por la fuerza de sus prédicas y el alcance de sus obras sociales; conociendo el texto del pacto, que no nos sorprendamos cuando salgan elegidos ‘Misioneros’ a Concejos y Asamblea, y para que no queden dudas sobre el poder que ya tiene el hombre llamado por Dios, esta semana se anunció que Rodríguez encabezó un grupo que logró que el Municipio de Cali exonere los centros de culto del pago de impuestos prediales y valorización. Y esto es sólo el comienzo, señores. Yo no sé hasta cuándo dure el insólito efecto teflón de Roy Barreras y ojalá no sea por mucho tiempo más, pero lo que de verdad me asusta es saber que gracias a pactos como el suscrito, y a seres como el Procurador que quieren convertir la palabra de Dios en norma, en el futuro esas decisiones puedan llegar a meterse en mi casa y bajo mis sábanas y decidir cómo ejerzo mis derechos más fundamentales. Miedosito el tema.

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