Atacó de nuevo la fiebre

Julio 20, 2012 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

La última vez que sentí fiebre de 42 grados por una serie de libros, con la consecuente ansiedad de terminarlo a la mayor brevedad posible para conocer el final, fue hace dos años. Estaba de moda la saga de Crespúsculo sobre vampiros vegetarianos escrita por Stephenie Meyer, la cual una vez comenzada se convirtió en una deliciosa enfermedad. En una maratón de lectura de una semana, logré terminar los cuatro libros de la saga y desfallecer en un amor adolescente por Edward, ese precioso vampiro que siempre sabía decir lo que las mujeres queremos oír. La semana pasada la fiebre volvió y esta vez por una trilogía que ha sido catalogada en el género de novela erótica. Ya había leído reseñas de estos libros que son furor en el mundo actualmente y francamente no me interesó hasta que una amiga me dijo que eran los libros perfectos para estas épocas de azueto parcial. Pues me di la licencia de caer en la tentación y el primer libro, Fifty Shades of Grey, (Cincuenta sombras de Grey) fue devorado en tres noches largas de lectura. Con eso y sin saberlo, había comenzado otra maratón que terminó dos días después cuando cerré el último libro, Fifty Shades Free, satisfecha por haber terminado la trilogía y nuevamente prendada del protagonista por sensible, romántico, sexy y apasionado.Han dicho con algo de razón que estos libros escritos por E.L. James, son Mommy Porno (Porno para Mamás) porque de los 32 millones de libros impresos vendidos en el último año y medio (además de las versiones digitales), un significativo porcentaje están en manos de mujeres mayores de 30 años. Es seguramente porque en ese momento de la vida en que todo es trabajo, responsabilidades, cuentas, y crianza de niños, volver a leer sobre príncipes azules -bastante apasionados por decir lo menos- hace soñar y en este caso particular lleva al mundo poco conocido del BDSM (sexualidad extrema). Indiscutiblemente no es literatura de la buena al estilo de Tolstoi o Proust, es explícita y muy detallada en las escenas sexuales y desde el comienzo es relativamente fácil deducir el final, pero qué fascinación la que logra James al entretejer en cada capítulo romance, seducción, pasión, perversión, drama y misterio. Aunque las novelas pareciesen ser simple literatura triple X, en el trasfondo hay un par de temas bien interesantes. Uno de ellos es hasta qué punto un ser humano está dispuesto a padecer dolor físico y emocional por un amor. ¿Cuál es el límite y en qué momento la sumisión se convierte en pura y física falta de autoestima? También surge la inquietud acerca de dónde se encuentra la línea que separa lo que es perversión de lo que es una intensa y buena sexualidad. Y en ese sentido al pensar en BDSM, ¿cuándo esas prácticas se constituyen en satisfacción de una pareja y cuándo es mera violencia? La conclusión es que no hay ecuaciones porque esas fronteras son, en esencia, fuero de cada pareja.De manera que la trilogía sí lleva a la reflexión. Indiscutiblemente son libros que como las novelas de Danielle Steele atraen más a las mujeres por la profusa descripción de cosas en las cuales solemos interesarnos más nosotras como es la ropa, los zapatos, los tonos del pelo y los colores de las sábanas. Sin embargo, siendo la sexualidad el eje principal de la trilogía, es una lectura que sería ideal compartir en pareja porque es en ese escenario conjunto en el cual los límites y los acuerdos sobre la creatividad se establecen.

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