Abrir los ojos

Abrir los ojos

Febrero 15, 2013 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Una de las cosas más difíciles en la vida tiene que ser el aprender a soltar a los hijos y dejar que vuelen solos. Evidentemente cada época trae sus dificultades, pero sí creo que actualmente nos enfrentamos a una serie de peligros que nos hacen asumir ese reto con algo más de aprehensión, y diría yo que el tema de las discotecas encabeza de lejos la lista de preocupaciones.Lo sucedido a finales de enero en la discoteca Kiss de Santa María (Brasil) fue una de esas pesadillas que los padres tanto tememos. Ver las imágenes de esos muchachos corriendo en pánico por las calles al frente del establecimiento fue tenebroso y mucho peor fue el saber que otros 236 murieron por asfixia de humo tóxico a raíz del fuego que se propagó después de que las chispas de un fuego pirotécnico alcanzara la espuma del aislamiento acústico del techo. Muertes absurdas causadas por decisiones humanas absurdas y negligencia, y eso sí que es difícil de aceptar.Después de la tragedia de Santa María, alrededor del mundo los organismos responsables de garantizar la seguridad en establecimientos de diversión nocturna corrieron a inspeccionarlos. Cali y sus alrededores no fueron la excepción. Aquí, con el Subsecretario de Gobierno Municipal a la cabeza, bomberos y otros funcionarios encontraron extintores vencidos o insuficientes, mala demarcación de rutas de evacuación, señalización deficiente, conexiones eléctricas riesgosas, obstrucción de salidas de emergencia o ausencia de las mismas y claro, generalmente aforos que superan la capacidad del lugar.En declaraciones que dieron durante las inspecciones realizadas en Cali, algunos dueños o administradores de los lugares generalmente manifestaban el agradecimiento con las autoridades y la importancia de brindar seguridad a quienes asisten a esos lugares de esparcimiento. Sin embargo, ninguno demostró arrepentimiento o vergüenza de estarse pasando por la faja la regulación, las normas y los protocolos y ser un riesgo para la seguridad de los jóvenes.Muchas de las discotecas de Cali y Yumbo son en la actualidad trampas mortales a las cuales los padres están dejando ir a sus hijos a ojo cerrado. Los dueños de esos lugares al parecer no han logrado comprender la magnitud de la responsabilidad que cargan sobre sí en el momento de abrir sus puertas y como suele suceder, el afán de lucro es el que prima.En esos espacios inadecuados e inseguros además de los riesgos que corren en un incendio, terremoto o emergencia similar, los jóvenes terminan teniendo al alcance de sus manos drogas y alucinógenos mientras los dueños o administradores se hacen los de la vista gorda y a eso se debe sumar el otro terror de un padre: una pelea que termine en balacera.Está muy bien que las secretarías de Gobierno de Cali y los municipios aledaños hayan corrido a hacer inspecciones y a implementar controles. Ojalá no sea sólo a raíz de una tragedia que sucedió más allá de nuestras fronteras, sino que sea un plan estructurado y conjunto con el comercio, el cual termine garantizando la seguridad en cualquier establecimiento nocturno.Lo que sí tengo claro es que los padres de familia somos corresponsables en este tipo de gestión y debemos asumir esa función enérgicamente. La exigencia y presión a las autoridades para que rindan informes debe ser permanente porque finalmente tenemos una responsabilidad con nuestros hijos que es absolutamente indelegable.

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