A hombros de una grande

A hombros de una grande

Julio 04, 2014 - 12:00 a.m. Por: Carlina Toledo Patterson

Con 84 años Barbara Walters se despidió de la televisión estadounidense y se retiró tanto de su cargo de presentadora de noticias en ABC, como de su programa matutino de opinión dirigido a mujeres llamado The View.Fueron 50 años dedicados a ese medio de comunicación en una carrera que marcó la pauta para muchas mujeres que escogieron el mundo de la noticia. Su conmovedora despedida al aire el pasado 16 de Mayo, da fe de ello: desfilaron por el set de The View, que ese día fue conducido por Oprah Winfrey, 26 mujeres que trabajaron en algún momento con la veterana Walters y que han sido exitosas en el mundo de las noticias televisadas. Con lágrimas en los ojos, lo único que ella logró exclamar fue “este es mi legado”.Cuando supe que el personaje que tantas vi en sus célebres entrevistas a personalidades mundiales se iba a jubilar, rebusqué en mi biblioteca una biografía de ella que recibí como regalo hace ya varios años y que tenía entre mis pendientes por leer. Con ciertas celebridades que cuidan mucho de su intimidad es difícil saber de dónde vienen, el por qué de ciertos rasgos de su personalidad y el por qué están donde están. Ese es el caso de Walters y por eso fue tan interesante la lectura de Audition (Audición).Barbara Walters, por ser mujer en un mundo que en ese entonces (1964) era dominado por los hombres, sintió desde el principio de su carrera un rechazo permanente del género masculino. Vivió situaciones humillantes en las cuales ante todo, se menospreciaban sus capacidades profesionales por el simple hecho de ser mujer.Tuvo que soportar espacios televisivos en los cuales sólo se le permitía hablar de “cosas de mujeres” como cocina, ropa, arte y el hogar; vivió épocas de discriminación en su remuneración y tuvo que aguantar compañeros de set y jefes que se sentían ofendidos con su sola presencia. Claro, sentían que sólo un macho estaba habilitado para hablar de política y hacer análisis sesudos de la actualidad noticiosa. Por eso, la joven, bonita, incisiva e inteligente Walters se sentía en un examen permanente, en una audición perpetua. A punta de pulso, tenacidad, persistencia y un buen trabajo, logró abrirse su espacio y obtuvo el respeto de hombres del medio y lo más importante, de la audiencia.Creo que el gran mérito de Walters fue haber sido ante todo una periodista integral. Investigaba hasta saber más de su personaje que el personaje mismo y no obstante tener sus propias opiniones sobre temas coyunturales, no dejaba que se notaran en sus entrevistas, lo cual hacía conscientemente –y créanme que eso en sí es un ejercicio de disciplina profesional admirable– con el fin de que el televidente tuviera la oportunidad de crearse su propio panorama de los hechos.Personalmente, confieso que no había dimensionado el significado de Walters en lo que ha sido la carrera y la vida de las mujeres que somos periodistas. Daba por hecho que siempre hemos sido respetadas y valoradas en el medio, porque es lo que he vivido. Evidentemente la lucha es constante y a punta de pulso, tenacidad, persistencia y buen trabajo se logra todo. Pero sí es mucha gracia no estar obligada a hablar de cocina, pañales, moda y peinados porque en mi caso particular enloquecería del tedio. Decía Oprah Winfrey en la despedida de Walters, que “estamos paradas sobre sus hombros” y debo confesar que cuando se es opinadorcito por naturaleza, es mucho lo que uno agradece el no tener que estar en una audición permanente.

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