Un barrio

Abril 14, 2011 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

Sus problemas son preocupantes y hay que precisarlos e interrelacionarlos para poderlos resolver, tarea en la que está empeñada su Junta de Acción Comunal con los vecinos más motivados. Asunto sobre el que se deberían pronunciar los candidatos a la Alcaldía y el Concejo pues San Antonio es patrimonio de Cali. E incluso del Valle por lo que incumbe al Consejo Departamental de Patrimonio Cultural.Lo que hoy más preocupa a su comunidad, como a todos los caleños, es la inseguridad. En el barrio aumentó detrás de los carros, gentes y turistas que trajeron los restauranteros que, huyendo de Granada, se instalaron en poco tiempo allí. Sencillamente los ladrones prefieren ‘trabajar’ en donde encuentren más y mejor que robar, más víctimas que atracar, y más animación que les facilite ocultarse. Lo segundo es el ruido hasta altas horas de la noche ocasionado por los nuevos usos y los nuevos habitantes del barrio. San Antonio fue un verdadero remanso de paz, interrumpido sólo por la tradicional procesión de los domingos, la que lamentablemente desapareció dando paso a otras manifestaciones que confunden la alegría con el escándalo, incluyendo, vergonzosamente, las propiciadas por las autoridades. Además, las reformas abusivas y modernizantes que se hicieron para adaptar las viejas casas a esos nuevos restaurantes, oficinas u hostales, o para crecer las viviendas, no respetan las normas arquitectónicas vigentes ni el valor patrimonial urbano que el barrio aun mantiene, justo cuando su imagen se está recuperando a medida que más casas se vuelven a pintar de blanco como lo fueron hace un siglo.También preocupan sus bordes, como la Calle 5ª y la Carrera 4ª en donde las autoridades permitieron edificios sin importar las culatas que dejan ni que invaden la privacidad de los patios vecinos. O la colina, con su bella capilla del Siglo XVIII, y el Parque del Acueducto, a punto de ser ocupado por el embeleco del “parque del agua”, y que absurdamente las autoridades separaron administrativamente de San Antonio. Por último, las casas que están desocupando los restauranteros, que ya se dieron cuenta de que sin sitios para estacionar ni andenes para caminar sus comensales no vuelven, permanecerán quién sabe cuánto tiempo desocupadas, generando más inseguridad y el deterioro del barrio. Lo que algún vivo aprovechará para comprarlas barato y tumbarlas para hacerse a un lote grande, como ya pasó en la Carrera 6ª con Calle 5ª.La solución a los problemas de San Antonio debe ser integral y simultánea, y, por supuesto, no consiste en cambiar sus normas, como pretende la autoridad, sino en mejorarlas y, sobre todo, hacerlas cumplir, cosa que no ha hecho. Pero igualmente hay que resolver el problema de sus andenes, totalmente insuficientes, y con muchas irregularidades, las que aumentaron con los nuevos usos del barrio y reformas. Hay que dejar las calzadas de un solo carril y aumentar el ancho de las aceras, lo que además impediría que los carros se estacionen en las calles dañando el ambiente colonial de San Antonio. Que se entienda que los andenes son para los peatones y no propiedad privada de cada casa, y que las autoridades multen a los carros que se suban a ellos, y hagan estacionamientos públicos en la periferia del barrio.

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