San Antonio

Marzo 17, 2011 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

A quién se le puede ocurrir volver este tradicional barrio de Cali un sector comercial, siendo el único de valor patrimonial que se salvó, pues de La Merced no queda si no una calle. ¿En dónde están los estudios que sustentan semejante despropósito? ¿No ven lo que pasó con la Avenida Sexta y después con Granada y el Parque del Perro? Porque los desplazados en este país son también los de las ciudades que son forzados a abandonar sus viviendas y convertirlas en locales comerciales con la esperanza de arrendarlos. Pero aparte de tiendas, algunos restaurantes, pequeños hoteles y una que otra oficina, no hay otra demanda, y el barrio lo que necesita es que las autoridades controlen el ruido de los que lo quieren confundir con la Sexta, y que regularicen sus calles para poder ampliar sus andenes. Esta Administración, afortunadamente ya de salida, lo que debería haber hecho son los grandes parqueaderos públicos subterráneos propuestos desde hace años para que el centro pueda recuperar su carácter de gran sector comercial de la ciudad, y se puedan ocupar de nuevo sus muchos edificios abandonados.Porque lo cierto es que en San Antonio para lo único que serviría cambiar el uso del suelo sería para poner aun más restaurantes por su vocación ‘turística’, más inventada que real, pues la gente prefiere los centros comerciales para hacer compras, y hasta para sencillamente caminar, y cada día hay uno nuevo en Cali. Y si se convierten sus casas en locales para la rumba, cuando ésta se mueva a otra parte, como suele hacerlo, comenzará el deterioro paulatino del barrio como pasó en Granada. Y como con toda seguridad pasaría en San Antonio, pues la sobre oferta de restaurantes en él está destinada al fracaso ya que el viejo barrio no cuenta con calles amplias que permitan el estacionamiento, pues la gente sale a comer en carro y no en el MÍO, como ya se percataron los que, huyendo del descalabro de Granada, creyeron que podían aterrizar todos juntos allí con o sin permiso. Y sería nefasto que sus estrechos y maltrechos andenes, abandonados a su suerte por el Municipio, fueran además invadidos por los carros. Menos mal que San Antonio es patrimonio urbano arquitectónico de Cali, por lo que el Consejo Departamental de Patrimonio Cultural deberá impedir semejante atropello. Y desde luego su Junta de Acción Comunal ya comenzó a defenderlo decididamente como ya se hizo con éxito ante el embeleco de la Cámara de Comercio de construir un “parque del agua” destruyendo el del Acueducto, el único con que cuenta el sector. Cambiar su uso sin ni siquiera consultar con sus habitantes es una arbitrariedad peor aun que cobrar valorizaciones que no lo son. Y lo que queda en flagrante evidencia cuando las Autoridades afirman que es que ya han cambiado los usos, es que no cumplieron con su obligación de hacer respetar la reglamentación vigente, y, por supuesto, es hacerle el juego a la obsolescencia programada de casas, edificios y barrios enteros para facilitar el negocio perverso del suelo urbano con la disculpa de su supuesto desarrollo y modernización. Que es precisamente lo que lamentablemente ha dañado a Cali desde los Juegos Panamericanos de 1971, y que debería ser tema de debate entre los candidatos a la Alcaldía.

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