¿Réplicas?

¿Réplicas?

Mayo 23, 2018 - 11:35 p.m. Por: Benjamin Barney Caldas

El largo artículo dedicado a unas supuestas réplicas en Cali de obras emblemáticas del mundo (El País, 14/05/2018) no deja de ser interesante pues desde que esta ciudad fue designada como nueva capital del recién creado Departamento del Valle del Cauca en 1910, es decir hace poco más de un siglo, no se ha hecho otra cosa que buscar ‘cambiarle la cara’ como si la tuviera fea. Y las lamentables ‘réplicas’ no dejan de ser simplemente ridículas, pues ni siquiera mueven a risa, y no mero kitsch, ya que no satisfacen ninguna nostalgia del ayer histórico, del que decía Hermann Broch que nada lo puede hacer con tanta facilidad como el kitsch (Poesía e investigación, sf) y tampoco son la pertinente repetición de lo que aquí se ha dicho (o hecho) que es como el DLE define ‘replicar’ en su cuarta acepción, pues la palabra ‘réplica’ no está en el diccionario de la Academia.

Una definición clásica del término es la de que “Lo kitsch es una imitación estilística de formas de un pasado histórico prestigioso o de formas y productos característicos de la alta cultura moderna, ya socialmente aceptados y estéticamente consumidos” (Wikipedia). Pero, entonces, qué vendría a ser el estrambótico pequeño edificio que existe en el costado occidental de la Calle Quinta al frente del Colegio de Santa Librada, y al que, como es usual en Cali, ya le agregaron otro piso. Porque lo que sí es claro es que el nuevo, costoso e incómodo terminal del aeropuerto si es la torpe réplica de los igualmente incómodos terminales de moda de los aeropuertos en otras partes, lo mismo que las tonterías que están poniendo en la Carrera Octava olvidando la bella alameda de samanes (lo son de cualquier variedad) que tuvo y que habría que recobrar.

Replicando (instar o argüir contra la respuesta o argumento, según la primera acepción de replicar) lo dicho en el artículo de marras, lo que hay que buscar es hacer obras que reflejen la idiosincrasia propia y una cultura auténtica, como afirma el ingeniero Miguel Charry, presidente de la Asociación de Ingenieros del Valle. Pero lamentablemente dichas ‘réplicas’ no son expresión de la sabiduría humana sino de su estupidez. La misma que está acabando con lo mejor del valle del río Cauca: sus agradables climas, bellísimos paisajes y vegetación, y en Cali con sus construcciones de tradición colonial, como en San Antonio, pues ya se acabó con casi todas las del Centro, donde afortunadamente cada vez son más sus vecinos que ven que sus partes más bellas son las que conservan sus techumbres y blancos encalados, como probablemente sus patios.

Pero, como en muchas ciudades, sobre todo en Iberoamérica, en Cali interesa más lo que pasa en ella que el artefacto urbano mismo, pese a que su pasado construido está aún presente y puede ser ejemplo para el futuro, ya que es un palimpsesto en el que se lee su historia y sus aciertos, lo que es de gran ayuda en un mundo que en muy poco tiempo pasó de lo natural a lo artificial. Las formas de sus nuevos edificios solo deberán evolucionar para nuevas funciones, pero utilizando nuevas técnicas pues, por lo contrario, estas sí progresan y ahora lo hacen muy rápido. Pero, como toda innovación tecnológica, sirven para mejor o para peor; por ejemplo, para construir ‘réplicas’ tontas en lugar de replicar lo mejor de nuestra tradición urbano arquitectónica, la que de cara al cambio climático es mucho lo que puede aportar, y lo mismo para lo sostenible y contextual.

Sigue en Twitter @BarneyCaldas

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