¿Proyectos o Negocios?

Diciembre 18, 2014 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

Como ha sido denunciado los proyectos de infraestructura para Cali se han convertido en una manera de pagar apoyos políticos o de favorecer amigos, entregando su diseño a firmas desconocedoras de la geografía e historia de la ciudad, y motivo por el cual en Cali se obvian los concursos públicos que señala la ley. Tampoco se considera que deben estar ligados a un plan integral ni la importancia de su diseño, el que se le deja al contratista ejecutor de la obra, ni que es la ciudadanía la que debe refrendarlos pues es la que los paga y la directamente afectada, tanto económicamente como en su calidad de vida.Además se ha fomentado la idea mercenaria de que los concursos públicos de diseño urbano o arquitectónico son costosos y largos y que es mejor contratarlos a dedo, pero se oculta cuánto se ha pagado por los diseños que finalmente se ejecutan después de haber sido realizados más de uno, pues cada alcalde manda hacer los suyos. O se quedan sin terminar, como sucedió con la remodelación del Estadio o del barrio Granada, o el ‘túnel’ de la Avenida Colombia, aun sin sus bombas de achique. Por lo contrario, en Medellín, por ejemplo, se continúan haciendo concursos públicos nacionales, se juzgan, se premian, se contratan, se ejecutan y se terminan.Mientras que aquí olímpicamente se han repetido, en la última década, hasta tres veces proyectos ya realizados y pagados, encargados a la Sociedad Colombiana de Arquitectos, o ya planteados en el Plan del Centro Global de 2003, sin ni siquiera indicar su origen ni su integración con sus otras propuestas, pues dicho plan terminó en la basura. Ni que hubiera sido encargado por Planeación Municipal, como resultado del primer Plan de Ordenamiento Territorial, POT, y realizado bajo la coordinación de la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali por las universidades del Valle y San Buenaventura, con la colaboración de arquitectos estudiosos de la ciudad.Además muchos otros costosos proyectos, contratados como resultado de concursos, y pagados por los ciudadanos pero desconocidos por ellos, se desechan en su mayoría beneficiando sólo a sus contratistas, en lugar de actualizarlos. Como el del Tren Ligero, el de la manzana T’, el del Centro Cultural junto al Coliseo del Pueblo, el de las áreas exteriores del Hospital Universitario, o los proyectos de Metrocali, que fueron archivados y dejados de lado, o, recientemente, el de la Autopista Bicentenario, el del parque del río Cali, un centro comercial en la glorieta del Ferrocarril, los varios para la terminal de Agua Blanca, o el de la doble calzada de la Salida al Mar.Como lo plantea la denuncia mencionada arriba, se requiere una verdadera Oficina de Planeación que proyecte a largo plazo intervenciones que integren problemas urbanos, viales, arquitectónicos, paisajísticos y patrimoniales en un plan maestro para el área metropolitana de Cali, principiando por su futuro suministro de agua potable, su problema más acuciante. Y que sean realizados a través de concursos públicos, que podrían ser internacionales pero con la participación de profesionales locales, propósito que debería defender la SCA, e incluir como consultores a las universidades, las que además deberían velar por su historia, teoría y critica.

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