Pitos

Pitos

Julio 09, 2015 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

La necesaria adecuación de la Plaza de Toros a unas nuevas circunstancias no debe llevar a su desaparición como hito de la ciudad sino lo contrario. Pero en el Ministerio de Cultura (El País, 03/07/2015 p.1) no quieren ver que se trata de un asunto de euritmia (del ritmo armonioso como la define el Drae) y miopemente insisten en ignorar las conclusiones al respecto del Consejo Departamental de Patrimonio Cultural del Valle del Cauca, como si la Plaza estuviera en Bogotá y no en Cali, como ya se denunció en esta columna (El País, 26/03/2014).Es decir, parecen estar ciegos a la buena disposición, correspondencia y regularidad de las diversas partes de una obra de arte. En este caso de una obra de arquitectura moderna, que por su emplazamiento, configuración y lugar en la memoria visual colectiva de los caleños devino en monumento. Y como tal, reconocido por el Estado y declarado un Bien de Interés Cultural de nivel nacional (Resolución 051 del 26 de octubre de 1994) y supuestamente protegido junto con sus alrededores hasta 300 metros.Pero en lugar de retirar más los volúmenes que pretenden autorizar en el costado norte, para dejar un parque con muchos de los arboles actuales y un estacionamiento subterráneo aprovechando el gran ancho de las zonas de maniobra existentes, permiten que el volumen más próximo oculte a la vista la Plaza, además de que ni siquiera conformaría un espacio nítido con ella pues no es de la misma altura sino casi, lo que lo hace confuso. Es el problema ver solo planos y no hacer recorridos por el lugar mirando bien. Hubieran visto que el volumen en el costado sur es un adefesio.Como se sugirió en hace diez años (¿Ciudad? El País, 06/05/2004) y se ha reiterado varias veces, perfectamente se podría levantar en el extremo del costado norte un edificio alto con un amplio estacionamiento subterráneo y público. Y hacer entre ambas construcciones la explanada -arborizada- que tanta falta le hace al coso de Cañaveralejo. Sería el parque que con razón reclaman muchos, resolviendo, además, el problema de escala que hace que la Plaza de Toros casi se vea como un edificio pequeño pese a que no lo es, pero a lo que contribuye su imagen horizontal.Como se recordó aquí hace un año (El País, Cali 30/01/2014) toda intervención nueva en el área de influencia de la Plaza de Toros debe ver por su respeto y valoración, y debe conservar las características urbanas y arquitectónicas del sector. Cosa que en el Ministerio de Cultura parecen no ver pues se quedaron en determinar alturas y distancias y no proporciones, puntos de vista y perspectivas. Es la lacra del ‘casi’, de lo poco menos de, de lo aproximado, de la pequeña diferencia; mirada más propia de la burocracia estatal que de la cultura de las ciudades.Y desde luego queda el asunto legal de la propiedad del suelo de la totalidad del parqueadero actual de la Plaza de Toros, lo que puede invalidar la aprobación del Plan Especial de Manejo y Protección del Inmueble, Pemp, que define el tipo de intervención que puede hacerse a un bien de interés cultural del ámbito nacional, por parte del Consejo Nacional de Patrimonio. Como quien dice, insisten en ensillar antes de traer las bestias; en capotear chapuceramente el asunto en lugar de lidiarlo con altura mirándolo desde abajo; desde el punto de vista del peatón.

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