Pequeña gran diferencia

Pequeña gran diferencia

Noviembre 10, 2011 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

Sin duda, la parte más importante de cualquier ciudad es su centro. Allí está presente su pasado y su futuro, a él confluyen todos los ciudadanos, y en sus edificios y espacios urbanos públicos más emblemáticos radica su identificación con su ciudad. Es el caso en Cali, donde, junto con el Río Cali, las Tres Cruces y Cristo Rey, son la Plaza de Caicedo y la de San Francisco, y por supuesto la Avenida Colombia, los lugares que constituyen su imagen más reconocible. La modificación radical que se pretende hacer (soterramiento le dicen a lo que sería su entierro definitivo), es todo un absurdo si no incluye el cambio de uso y alturas del paramento urbano que la conforma, que por lo demás es el límite del Centro Histórico por ese costado. Hecho ignorado completamente en el proyecto inicial, como también la obvia presencia allí de los aproches del Puente Ortiz y del de la Cervecería, hoy del Conservatorio o de la Octava, como los previsibles vestigios de construcciones coloniales que han ido apareciendo. Da pena tanta improvisación y tanta ignorancia de la historia de la ciudad.Por supuesto es urgente terminar el paso para tráfico rápido por debajo de la Avenida Colombia, pero todavía se está a tiempo de revisar el diseño de lo que quedará encima para conservar su carácter inicial de paseo de la ciudad. Dejar únicamente el Mio invadiendo el espacio de los peatones es equivocado, como se puede ver con el Transmilenio por la Avenida Jiménez en Bogotá. Es por eso que se debe permitir el paso lento de carros y taxis, además del Mio, utilizando, si es necesario, los mismos carriles previstos para sus buses articulados. Además de una ciclovía, y no apenas una cicloruta, la que incomprensiblemente no se ha considerado a todo su largo. Dicho tráfico permitiría mantener la entrada y salida al centro por ese costado, e impediría que esas bocacalles se deterioren, y que el absurdo y desproporcionado malecón que se ha propuesto, más amplio que el río mismo y sin ninguna actividad en los primeros pisos de los edificios adyacentes (paseo lo llaman ahora como si cambiarle el nombre bastara), se convierta en un muladar, feo, sucio e inseguro.Para permitir el acceso de carros y taxis a la cubierta del paso subterráneo bastarían algunas modificaciones a la entrada y salida diseñadas para el Mio, o por lo menos sería responsable dejarlas previstas para una emergencia o cuando la realidad termine por convencer a los que aun hablan de una zona peatonal (serie de plazoletas la llamaron ignorantemente al principio) en donde no existe una circulación importante de peatones a lo largo del río sino cruzándolo hacia el CAM por los puentes existentes. También habría que modificar la normativa actual, para estimular la refuncionalización de los edificios adyacentes y la construcción de nuevos. Son varios los lotes sobre el río que aun existen pese a su evidente potencial urbano y económico.Hoteles y viviendas, con comercio en las primeras plantas, a los que desde luego hay que poder acceder en carro, recobrarían la animación que la Avenida Colombia fue perdiendo poco a poco. Hoy no hay un solo local comercial desde el Intercontinental hasta la Ermita, cuyo entorno, cada vez más degradado, también hay que considerar.

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