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Abril 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Benjamin Barney Caldas

En medio de la avalancha de noticias sobre los atentados, secuestros, asesinatos, atracos, robos de todas las magnitudes imaginables, violaciones, maltratos y vandalismo de cada día, hay una solitaria noticia sobre Cali. Sobre el artefacto urbano arquitectónico y no otra más sobre todo lo anterior que pasa en esta ciudad (El País, 27/02/2015), y que se suele acompañar de lo mismo pero en otras partes del mundo como si lo de aquí no bastara, y la verdad es que aquí pasa todo junto y cada vez más. De ahí lo significativo de esa noticia en medio de las novedades, pues tampoco faltan las de la farándula, los reinados, la ‘sociedad’ sonriente y la moda de aquí y acullá.La buena noticia, a la que se alude arriba, es que los caleños comienzan a estar inconformes con el tiempo que tardan en llegar a sus destinos (Cali Cómo Vamos, Encuesta de Percepción Ciudadana 2014); la regular es que apenas están inconformes con ese aspecto de la ciudad, en contra de la calidad de vida por supuesto; y la mala es que los que se quejan son los habitantes del nororiente y sur de Cali que se movilizan en carros particulares. Que son los que deciden sobre la ciudad pero que poco caminan por ella, los que no usan el transporte público, y los que utilizan las bicicletas, y eso apenas algunos, pero para entorpecer la subida al Kilómetro 18 por las mañanas.Sólo cuando todos los caleños estén inconformes con la ciudad que les tocó, y no apenas con su movilización en ella, Cali comenzará a cambiar para ser una ciudad mejor. Ya tiene su envidiable clima y conserva aún sus bellos paisajes, sólo le falta un tren de cercanías por el corredor férreo y andenes amplios, llanos y arborizados en cada cuadra. Y redensificar su centro sin edificios codiciosamente altos, y que pase la moda de irse a vivir a Jamundí para después tener que quejarse por demorase más de media hora en llegar a sus diferentes destinos, o sea a la ciudad que abandonaron junto con sus tradiciones urbano arquitectónicas, o que sencillamente no las tuvieron.Y sólo cuando entiendan que la manida y mal dicha ‘movilidad’ de Cali comienza a fallar rotundamente es por su vergonzosa carencia de andenes como se ha repetido en cien columnas anteriores. Y que con ellos no solo se mejoraría la movilización de gentes y mercancías por la ciudad, si no que disminuirían algo, unos más que otros, desde luego, algunos de los delitos mencionados arriba, de los que rara vez se informa a fondo acerca del entorno urbano arquitectónico en que se dan, pues no se ve su relación de causa y efecto, entre la ciudad y lo que le pasa a sus ciudadanos, a duras penas se dice algo cuando se trata de su escasa iluminación.Principiando por el vandalismo, por ejemplo las pintadas no se dan tanto cuando en las calles hay árboles que no las dejan ver, o al menos no se ven tanto, y terminando con los robos y atracos que son más difíciles cuando las calles cuentan con andenes anchos, más fáciles de vigilar por la Policía con cámaras y en los que es mucho menor la aglomeración que los facilita. Pero incluso no cuesta mucho pensar que en una ciudad con bellos, seguros y cómodos andenes la gente vive mas contenta y hay menos maltratos, tanto a los transeúntes como a los vecinos e incluso al interior de las familias. Sería toda una buena noticia para Cali, pues las ciudades son sus calles.

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